El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


lunes, 9 de abril de 2007

la plus belle chanson


David Bailey, The Rolling Stones, 1964



Caroline > le jeu du téléphone, 1967
karo > Un garçon en mini-jupe, 1967
Jacques Dutronc > Hippie Hippie Hourrah, 1967
Delphine > La Fermeture Eclaire (In The Past), 1967
Sullivan > Hashish Faction, 1966
Ronnie Bird > Chante, 1966
Myriam Martin > Le blue beat, 1966
Jacques Dutronc > Mini, Mini, Mini, 1966
Jacqueline Taieb > La Plus Belle Chanson, 1967
Michel Polnareff > Le Roi des fourmis, 1968
Jacqueline Taieb > Le Coeur Au Bout Des Doigts,1968

 
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