El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


domingo, 22 de abril de 2007

senza fine





Nico Fidenco > Con te sulla spiaggia, 1964
Mina > Un baccio e troppo poco, 1965
Patty Bravo > La tua voce 1970
Rita Pavone > Datemi un martello, 1964
Rita Pavone > Alla mia eta, 1963
Ornella Vanoni > Una ragione di piu, 1969
Luigi Tenco > Senza fine
Claudine Longet > A man and a woman, 1967
Caterina Caselli > Disperatamente io ti amo, 1968
Lucio Battisti > Pensieri E Parole, 1971
Gigliola Cinquetti > Alle porte del sole, 1974

 
Copyright © 2007-2013 . Asi se fundó Carnaby Street . Javier M. Reguera