El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


miércoles, 11 de junio de 2008

editorial del futuro metodo 1984



Señores y señoras: todavía no se ha hecho plena justicia al fanzine español, aquel que empezó a gestarse a finales de los 70 alcanzando su máximo apogeo ya entrados los 80. Alguien tendrá que decir algún día que el movimiento actual orquestado a través de la autoedición de cómics y demás prescripciones culturales tiene su inicio y favor en aquellos momentos. Si en otros paises, valga decir Inglaterra y Alemania, son considerados autenticas piezas documentales que detallan instantes periféricos de la cultura musical y artística, en España aún no se le ha dotado de la significación histórica que merece. Así se fundó Carnaby Street continúa con su metodología de urgencia para recuperar algunos de los más relevantes, y, por tanto, colocarlos en la palestra cultural al mismo nivel que otras revistas acuñadas con fotografías a cuatro tintas. Editorial del futuro método sigue la estela de otros fanzines proclives a divulgar los hechos musicales con el mismo desparpajo y naturalidad con que una rana ha de saltar de charco en charco. Porque si algo caracteriza este fanzine valenciano (cercano a la impronta de Estricnina) es precisamente su incondicional compromiso con la letra. No hay más que leer la entrevista impresa en este mismo número a Rafael Abitbol, pionero de la radio española, o el artículo dedicado al garage español.

Editorial del futuro método, nº 8 1984 (Valencia)

viernes, 6 de junio de 2008

la metafisica del maniqui y la mecanica de los automatas


El Dadaísmo, esa certeza que haría de la abolición de las artes una máxima contra el mundo burgués, provocaría la mayor quiebra de la cultura del siglo XX cuando la Iª Guerra Mundial ya había implantado su hecatombe en Europa. Si el poema fónico había dado con la fórmula para expresar las derivas de la época, el collage, inventado por los cubistas, tendría en el Dada la parte en la que una nueva praxis vendría a manifestar su repudio contra la estructura del cuadro tradicional. Marcel Duchamp, sin duda el más grande artista que ha dado ese siglo, pone patas arriba los cenáculos del arte con el ready-made, precisamente al cuestionar el acto creativo e introducir objetos de uso común en el ámbito del arte. Los dadaístas recuperan la impostura del ready-made, pero en su afán por llevar el arte hacia sus últimas consecuencias descubren el fotomontaje, el ensamblaje y un nuevo modelo figurativo del hombre moderno que tiene su antecedente inmediato en la pintura metafísica de Giorgio Chirico.

Durante un breve periodo de tiempo, hacia 1920, el dadaísmo presenta a un individuo-autómata que se articula a partir de aparatos mecánicos. Raoul Hausmann utiliza elementos de medición que eliminan la emotividad en beneficio del desarrollo de una percepción puramente objetiva. George Grosz, en sus acuarelas combinadas con el fotomontaje, trastoca la representación del maniquí convirténdolo en sujeto animado por el engranaje mecánico. Man Ray, en su etapa dadaísta, realiza la fotografía escenificada de una mujer-collage en la que la belleza del desnudo femenino sucumbe ante la superposición que el rostro de un maniquí-perchero impone sobre la individualidad. Lo humano y lo artificial, la máquina y lo biológico, un tema recurrente en la década de los años 20 que expresaba las nuevas formas de la modernidad y el progreso, contagiando a cualquier resultante artística. No de otra forma, la mujer artificial ideada en la película de Fritz Lang, Metrópolis [1927], retoma el imaginario dadaísta bajo la consigna del emergente expresionismo alemán. El maniquí-autómata configura la representación de un modelo social en crisis que, en el contexto de la Europa bélica, desconoce todavía el rumbo del individuo y las posibles direcciones del progreso, de la máquina como elemento motriz de la nueva sociedad. Esto coloca todo compendio artístico ante los modelos de pensamiento que en cualquier periodo validado por los acontecimientos pudieran dejarse arrastrar no sólo por el futurible de un programa más o menos especulativo, sino por la amalgama, es decir, por todo aquello que se cuela entre sus fisuras y subsiste como realidad antes de que haya sucedido. El Dadá, en sus propias valoraciones culturales, arremete contra la idea hegemónica para delvolverla al cuerpo social como una máquinaria de producción deseante. El derribo es una constante, pero el deseo del automata es empezar de cero.




[arriba-abajo, izquierda-derecha: Raoul Hausmann, 1920|Giorgo Chirico, 1916|Giorgo Chirico, 1915|George Grosz, 1920|George Grosz, 1920|George Grosz, 1920|Fritz Lang, Metropolis 1927|Fritz Lang, Metropolis 1927|Man Ray, Perchero, hacia 1920|Max Ernst, 1919|Raoul Hausmann, Cabeza mecánica, 1920-1921.

Catálogo de obras dadaístas en National Gallery of Art Washington DC y Artlex.
Dadaismo en el MoMa de Nueva York.

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Palpitaciones del Dadaísmo

 
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