El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


sábado, 20 de diciembre de 2008

habitacion


Edward Wyeth, Wind from the Sea, 1948

Escrito por Javier M. Reguera


Porque el tema del amor me entrega a otras preguntas no aventuréis lo que sé
de este final. Acudid a una tarde de agosto
como esta: abrimos la cancela y en su propio peso acontece
la ley de la gravedad,
la conspiración de nuestra existencia,
un día dedicado al filo ardiente de la hierba,
su supuración de savia recién cortada.
De ahí que muy pronto me esforcé en destilar aquella reflexión
en que el poeta se pone en el lugar de los dioses
para repetir la osadía de los primeros besos.
Tú y yo, por el antojo que nos devuelve a los sentidos
y nos lleva al concepto:
el amanecer también nos informa de aquella otra primavera.

La puerta se había abierto como un gesto de mujer alrededor
que hubiera de explicar la narración de su saliva,
su recorrido, la manera de adivinar el principio de una palabra acumulada
entre decenas de objetos con calma colocados.
Dormimos. Pero en el acto inconsciente de cuestionar la realidad
tres segundos bastan para atravesar los poros de la piel.
La belleza se protege de los finales.
Es puntual al deseo, al gobierno del sí mismo,
a aquella otra fragancia que aún esboza
un eje oblicuo con tu espalda
hasta amoldarse a su forma definitiva,
la habitación que desde un sueño ha de apostar por el cielo,
por su corolario de nubes dispuestas al fervor
de aquella otra escena,
nuestra vida.

lunes, 1 de diciembre de 2008

cintas


Dos cosas: 1) ¿Se acuerdan que hace años, pleistocenos aparte, existian las cintas para grabar? En esa época todo el mundo grababa de la radio o los tocadiscos, pero entonces no lo llamaban pirateo. El pirateo se ha convertido en el concepto fetiche de las multinacionales que han visto cómo su cuota de mercado ha ido desapareciendo con los nuevos soportes digitales y la democratización total de los programas para compartir archivos. Otra cuestión es la comercialización ilegal. 2) Para el segundo numero de 200 días en Sing-Sing, que saldrá en breve, queremos añadir un portafolio con portadas especialmente dibujadas, ilustradas y diseñadas para ese soporte, diseños caseros para maketas de grupos musicales, cintas de música para consumo personal o cualquier otra carátula para la caja de esas cintas. Si quereis que vuestras portadas o cualquier otra pieza (maketas, artwork, etc) aparezcan en 200 días en Sing-Sing, podeis enviarlas a reguerajavier@hotmail.com o singsing2008@gmail.com

Y de paso, traigo a colación un artículo dedicado a la Casettemania que se publicó en la revista Rock Espezial, nº 11, 1982, escrito por Jaime Gonzalo.

 
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