El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


miércoles, 4 de noviembre de 2009

jet-set





Yoshinori Sunahara > Theme from Take-Off
Diana Dors > Roller Coaster Blues
Dominic Frontiere > Embassy Row
Briamonte Orchestra > Rota Sul
Peppino de Luca > La Ragazza Con La Pistola
Peppino de Luca > L'Umo Dagli Occhi di Ghiaccio
Piero Umiliani > Quando la coppia scoppia

Nada mejor que el hilo musical para enmarcar el inicio de este especial monográfico dedicado al retrofuturismo, una visión sobredimensionada de la sociedad tecnológica que empezó a fraguarse en los años 50 (s. XX) y adquiriría relevancia plástica hasta bien entrados los años 60. Iremos desgranando el concepto y su ideología, así como el modo en que fue introduciéndose en las prácticas culturales.

 
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