El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


jueves, 29 de abril de 2010

conjeturas sobre el collage desde la salita de estar (entrevista al señor garcia)



El Señor García es un señor normal.

Muchos no creerán que existe. El prefiere ocultarse bajo el anonimato de su apellido. Desconocemos su paradero o antecedentes familiares. Desconocemos su edad. Todo. La cuestión es que yo me lo encontré un día, en Madrid. Me habían invitado a una expsosición de collages. El, por supuesto, tenía colgadas algunas piezas. Entonces, no tenía más remedio que existir. Estaba ahí. Lo sé también porque alguien me preguntó ¿quieres conocer al Señor García? Como negarse al mito. Cuando lo vi, pensé que era un García más, posiblemente lo que siempre quiso ser. Hablamos, y hoy me parece que sus collages tienen más lógica. Un collage es siempre un mundo aparte.


¿Quién es el Sr. García? Nadie diría que por tu apellido ibas a conseguir recrear un mundo tan personal, y sin embargo.

Después de tantos años escondiéndome bajo el pseudónimo, me encanta ese anonimato. Como ya he dicho otras veces, soy “otro” tímido compulsivo, y me ha beneficiado que mi nombre lo utilicen más de cinco millones de personas en el mundo.

¿En el collage cabe todo?

Cabe todo. La cuestión es siempre divertirte con ello. Improvisar, experimentar, emocionarte. El collage me permite dar saltos de aquí allá. Entrar y salir, rebuscar, dibujar, ensuciar o dejarlo todo limpio, insinuar o gritar.

Desde luego los tuyos juegan a ironizar. Eso me parece. Pero también albergan algo de candor e inocencia.

Me considero apasionado de las revistas y libros de los años 50 y 60. Con esos materiales es inevitable que el resultado recree un mundo muy idealizado, sencillo, fácil. La inocencia de los felices años 60.



Y me recuerdan al humor de Jacques Tati y otros cómicos. ¿El absurdo juega un papel importante?

Soy fan de las greguerías de Don Ramón. El las definió como: humorismo + metáfora. Uno de sus métodos, fue la asociación visual de dos imágenes: “La luna es el ojo de buey del barco de la noche”. En el fondo el creaba sus propios collages, pero sin una gota de pegamento, sólo con tinta. Para mi el collage, debería tener siempre esa buena dosis de ironía, de humor, a veces, de absurdo.

¿En qué te inspiras? Muchos de tus collages parten de imágenes de los años 50 y 60. Podría haber sido otra época. Aparece gente común, incluso si me apuras, sobresalen las figuras de la clase media.

Trato que mis trabajos sean lo más cercanos posibles a mi propias experiencias. Aunque a veces, mis propios fantasmas, mis obsesiones, mis recuerdos no gusten, o no sean trabajos demasiado “decorativos”. Para mi recortar resulta un buen método de “autoayuda”, un “calmante” mental. Como te digo, con el material que juego, revistas y libros encontrados en rastros y mercadillos, es inevitable que el resultado recreé mi propia infancia. Una infancia en una familia de clase media en los años 70.

¿Cómo recolectas las imágenes que luego utilizas en tus collages? Parecen piezas, imágenes, siluetas, creadas para que tu les des su forma definitiva.

El collage guarda mucha relación con el “objeto encontrado”, desde un trozo de hierro, un papel, o una cuerda que me llaman la atención, hasta una imagen que me gusta en una revista. Sumando dos “objetos encontrados", puedes tener la suerte de tropezarte con un tercero que te sorprende aún más al llenarse de otros muchos y nuevos significados.



Un fragmento del mundo (imágenes, recortes, etc.) que todavía no has encontrado y te gustaría colocar en un collage.

Algún trozo de un mapa. Me obsesionan los mapas, y hasta ahora no he sido capaz de encontrar el sitio adecuado para incorporar alguno de ellos en mis collages. Lo seguiré intentando.

¿Y los utensilios que utilizas? Quiero decir, parece que lo digital y los softwares de diseño gráfico han olvidado para siempre las tijeras y el pegamento.

Soy muy metódico para parecer lo más despreocupado e improvisado posible. Eso no lo he conseguido nunca con métodos digitales, al final se me descubre el “truco”. Tengo la suerte de haber jugado desde siempre mucho con mis manos, papeles, ceras de colores, tijeras. He trabajado también grabado tradicional, calcografía, xilografía. Me alegra recuperar esa manualidad que me es muy útil en mis composiciones.

En tus diarios (Tus series “Querido diario”) se aprecia precisamente esa voluntad de reivindicar el collage como manualidad. Por otro lado recrean un mundo particular.

Tengo muchos, muchos cuadernos. Todos podrían llamarse “mi diario”, porque trabajo en todos a la vez, sin orden, aunque lo hago con relativa constancia. Me suelo imponer el ejercicio, sin saltarme un solo día. Puede que por esa razón a veces todo sea más espontáneo, unas veces limpio, otras veces incluso incoherente. Si ese día comí una manzana, debo usar sus etiquetas, si me tropecé con una caja de cerillas la pego inmediatamente para darle forma en el cuaderno.



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¿Cuál es la serie de la que te sientes más satisfecho?

Me considero un tipo bastante observador (casi voyeur), pero a la vez poco reflexivo. Suelo estar con el coco muy activo, persiguiendo imágenes y recopilando información visual de todo tipo, pero doy muchos saltos de un lado a otro, no puedo concentrarme. La técnica del collage me permite trabajar en muchas imágenes y series a la vez, moviéndome de una idea a otra, de una imagen a otra. Creo que por eso no tengo series favoritas aunque alguna pieza suelta me resulta mas redonda que otra. Puede que esta semana me guste las tres que suman “calceta, costura, pespunte”... pero la semana que viene habré cambiado de opinión seguro.

A mi me gusta particularmente el abecedario, el Proyecto AAAAA. Todo está colocado en su lugar, digamos, natural.

El abecedario es otro gran “encuentro”. Los chicos de Picnic me encargaron una serie para su proyecto editorial AAAAA. Esa misma mañana encontré en la calle una baraja de cartas para niños, que representaban letra de la A a la Z, me encajaba perfectamente. Sólo faltaba localizar las imágenes que rimasen con estas letras: animales, motos, funambulistas, el trabajo a partir de este punto fue muy sencillo. Lo difícil había nacido, como casi siempre, por casualidad, y gracias a algún vecino que tiro aquella baraja a la basura.

¿Hay algo nuevo que contar en el collage?

Siempre se pueden combinar las imágenes como si se tratase de palabras, como en el scrabble, y formular nuevas frases infinitamente, eso es lo divertido del collage.



También has publicado en revistas, participado en exposiciones.

El proceso de trabajo ante un encargo editorial es diferente al de las exposiciones. El mundo editorial y la prensa, esta siempre marcado por la urgencia. Eso para mi es un handicap. Al no usar photoshop el trabajo se me complica y las “horas de entrega” se me acortan mucho, pero me gusta el ritmo y sobre todo ver los resultados publicados con tanta inmediatez. Por el contrarío en el caso de las exposiciones todo es más pausado y tienes mucho tiempo para plantearte las cosas, ser más selectivo con lo que quieres mostar

Y un objetivo para los próximos 30 años.

Seguir acumulando infinitas imágenes para poder jugar infinitamente con ellas.


El Señor Garcia en formato Blog
El Señor García en formato Web

 
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