El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


sábado, 17 de abril de 2010

salto de pagina, una editorial independiente



Una entrevista a Pablo Mazo editor y director de la editorial Salto de página.

Para aquellos que no os conocen, ¿Podrías explicarnos el tipo de literatura que editáis? ¿Cuáles son vuestras inquietudes editoriales? ¿Dónde estáis y hasta dónde quereis llegar?

Salto de Página es un proyecto editorial que surgió a principios de 2007 con la vocación de editar narrativa escrita originalmente en castellano, con independencia de su lugar de origen. Hemos intentado conjugar así la apuesta por nuevas voces —vengan de donde vengan— con la difusión para el lector español de autores hispanoamericanos consagrados en sus respectivos países pero que aquí están aún por descubrir.

A este planteamiento que de algún modo ha sido nuestra pista de despegue se suma el de la propia línea editorial, que podríamos caracterizar por una marcada inclinación por lo narrativo en su acepción más literal. Por supuesto que hoy, en competencia con las narraciones audiovisuales, un relato puede ser un mecanismo terriblemente complejo, fragmentario y hasta centrífugo. Pero en cualquier caso se trata siempre del mismo antiguo placer de inmersión en una historia, y que, pensamos, sigue siendo la función privilegiada de la novela y el relato.

Después de casi tres años, creo que estamos muy bien situados, aún con las dificultades del momento que atravesamos y de las que nadie escapa. Aunque como me decía hace poco Pote Huerta [editor de Lengua de Trapo], en medio de una tormenta un palillo sufre menos que un transatlántico. ¿Hasta dónde queremos llegar? Supongo que a consolidarnos como una editorial independiente de referencia, valorada por la calidad del catálogo, y sin dejar de cuidar los libros como creo que hemos hecho hasta ahora.



¿A qué tipo de lectores os dirigís? La vuestra parece una editorial focalizada, quiero decir, con un estilo personal y una identidad muy marcada.


Ahora que lo preguntas: no sé si hemos pensado en ello tanto como sería deseable. Sí hemos buscado siempre que la editorial tuviera un perfil nítido, desde el propio diseño de colección —obra de Sergio del Puerto / SerialCut— hasta la fidelidad a esa línea editorial y la coherencia del catálogo. En este último aspecto, es posible que esa inclinación por la narrativa a la que aludía antes nos haya llevado a apostar por textos que siempre lindan de alguna manera con géneros de origen (más o menos) «popular», como la novela negra, el fantástico, el terror o la ciencia ficción. Supongo que este acento en géneros a menudo injustamente valorados también contribuye a subrayar esa identidad.

En poco más de tres años, desde el 2007, la editorial ha crecido mucho. Tenéis dos colecciones y un número nada despreciable de autores editados. La Colección Púrpura reivindica nuevos valores, la Colección Cian evoca un acto de recuperación. Parece que ambas colecciones responden a una necesidad.

La primera es sin duda el núcleo del catálogo y, efectivamente, al estar dedicada a la narrativa contemporánea, es la que puede albergar autores emergentes. La segunda tiene la vocación de rescatar obras del siglo XX escritas originalmente en castellano que han permanecido inéditas en España o llevan un largo periodo de tiempo fuera del mercado editorial a pesar de su indudable calidad, y la acabamos de inaugurar con La raíz rota de Arturo Barea. Nos parecía la forma natural de ampliar el catálogo y llegar a un tipo de lector que no está interesado sólo, o no lo está en absoluto, en la narrativa contemporánea; y sus dificultades propias tienen que ver fundamentalmente con la investigación en un ámbito muy trabajado y con el acceso a los textos. En cualquier caso, sin duda lo más complicado —y también, por ello, lo más meritorio— es y seguirá siendo apostar por nuevas voces.



¿Se hace difícil mantenerse en un mercado tan saturado?


Honestamente: mucho. Por ello creemos que, a medio plazo, sólo desde la apuesta por la calidad, la exigencia literaria y la coherencia del proyecto podemos hoy las editoriales servir de referencia y merecer la confianza del lector.

¿Qué lugar ocupan las editoriales independientes como la vuestra en el maremágnum editorial español? Parece que las grandes empresas de comunicación apenas dejan espacio para otro tipo de iniciativas, pero vosotros habéis demostrado que la calidad es un valor eterno incluso en un ámbito tan difícil como el editorial.

Creo que hoy las editoriales independientes constituimos un continente rico y fértil del mapa editorial español, cuyo valor viene reconociéndose desde hace tiempo y tiene mucho que ver con nuestra contribución a eso que suele llamarse bibliodiversidad. Asumimos los riesgos inherentes a una empresa frágil y expuesta a la incertidumbre, cuyas apuestas demandan unos ciclos largos que el mercado pocas veces admite, en un marco caracterizado por la sobreproducción y a menudo dominado por criterios conservadores y comerciales. Apostamos por la calidad (noción siempre subjetiva y discutible, pero en cualquier caso nuestra y ajena a otros compromisos), entendemos nuestro trabajo como una forma de activismo cultural y nos sentimos cómplices de los autores, de los libreros y, en fin, de los lectores. Pero, como apuntaba antes, de entre los valores que de forma casi unánime se han venido reconociendo a la edición independiente, aquel que podría reivindicarse quizá con mayor justicia es la apuesta por autores emergentes, cuyo acceso a los grandes sellos resulta hoy prácticamente imposible. Haciendo de la necesidad virtud, las editoriales independientes desempeñamos una valiosa labor de investigación y selección; escrutamos montañas de manuscritos como quien se lanza a la búsqueda de un tesoro para confeccionar nuestro catálogo, y, en definitiva, confiamos en la calidad de los textos como principal carta de presentación ante sus lectores.



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A nivel cultural y de mercado ¿cuál sería vuestro peor enemigo?

Tal vez uno de nuestros peores enemigos sea un problema que entraña al mismo tiempo una dimensión cultural y otra comercial: la escasa visibilidad. Con unos recursos modestos, y sin la posibilidad de orquestar grandes campañas promocionales, cualquiera de nuestros proyectos —incluso los menos arriesgados— exigen un esfuerzo suplementario en materia de prensa y comunicación. Aunque lo cierto es que cada vez son más los críticos y periodistas culturales que muestran un gran interés en el trabajo de las editoriales independientes y nos siguen con atención.

El eterno dilema ¿Qué es lo que hace que un libro se venda?

Diría que, junto a los valores y el potencial del propio texto, la partida se juega en el terreno de la prensa y la distribución. Pero me gustaría poder contestarte algo menos obvio.

Si tuvieras que nombrar una editorial por su estilo, por su catálogo, por su coherencia empresarial...

Muchas… Me gusta el diseño y la concepción de las colecciones de 451 o de Errata Naturae, el catálogo de Abada o de Valdemar, la coherencia de Páginas de Espuma, Candaya, Minúscula.

¿Mantenéis relación con otras editoriales independientes?

Por supuesto que tenemos relación con otras editoriales, y siempre es algo grato y productivo; tanto para compartir experiencia como para sumar esfuerzos. Por ejemplo, durante esta pasada Feria del Libro de Madrid (y un poco a contracorriente de lo que suele hacerse en ese marco) celebramos un acto en torno a los libros peor vendidos, los worst sellers. Fue una iniciativa de Ediciones Escalera y en la que participamos además otras cuatro editoriales, Errata Naturae, Artemisa, Baile del Sol y nosotros mismos, para discutir desde la autocrítica (y el sentido del humor) sobre nuestros proyectos menos afortunados —en nuestro caso Plop, de Rafael Pinedo— y sus motivos, y la convocatoria obtuvo muy buena acogida y bastante atención mediática. Por otra parte, ya existen citas e iniciativas que favorecen activamente ese contacto; la de más reciente creación será la Semana de la Literatura y la Edición Independientes que tendrá lugar en Blanca (Murcia) a finales de septiembre, y que sin duda será un importante punto de encuentro para editores, críticos, traductores, agentes, distribuidores y libreros.



Una frase para sobrevivir (sin dejar de ser fiel a vuestros principios editoriales).

«No sabían que era imposible: por eso lo hicieron.»

También convocáis un premio literario, el Premio Avadoro de Novela Gótica. ¿Qué os ha hecho decidiros por un estilo como el gótico, quizá algo olvidado en la narrativa contemporánea?


Surgió la posibilidad de organizar este premio en colaboración con la organización de la Semana Gótica de Madrid (que se celebrará a finales de octubre de 2009), y nos pareció muy atractivo; tanto por la originalidad de la iniciativa en la que se enmarca, como por nuestro propio interés en el género. No creo que hoy esté olvidado, al menos si entendemos lo gótico en un sentido amplio, más como la evocación de cierta atmósfera y determinados motivos que como un género con unas reglas muy definidas. Pensemos por ejemplo en el auge de la figura del vampiro en la narrativa actual. Creo que el terror en su conjunto —desde esta narrativa de vampiros hasta la revisión de clásicos como Poe— vive un buen momento, quizá sólo superado por el policial.



Supongo que a Salto de Página llegarán muchos originales. ¿Cuáles son los parámetros que hacen que os decidáis a publicar a un escritor emergente o novel? No debe ser fácil apostar por una novela, por un nombre.

Recibimos muchos originales; una media de diez semanales, y en algunos momentos más. Y, en efecto, apostar por un autor novel o emergente siempre es un reto. Pero, en el fondo, los criterios son siempre los mismos: la calidad del texto y su adecuación al catálogo, su proximidad respecto a la literatura que nos interesa. No creo que un autor emergente deba ser valorado desde criterios más específicos, ni más (o menos) exigentes que otros. Tales apuestas entrañarán más dificultades o exigirán más paciencia; pero también pueden ser las más satisfactorias.

Un autor que os gustaría editar y no está presente en vuestras filas.

De entre nuestras lecturas recientes: nos han gustado mucho novelas como Revancha, de Willy Uribe o El mapa del tiempo de Félix J. Palma, si bien de este último hemos tenido recientemente el gusto de publicar un relato en la antología del fantástico español actual preparada por Juan Jacinto Muñoz Rengel Perturbaciones.

 
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