El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


jueves, 29 de abril de 2010

conjeturas sobre el collage desde la salita de estar (entrevista al señor garcia)



El Señor García es un señor normal.

Muchos no creerán que existe. El prefiere ocultarse bajo el anonimato de su apellido. Desconocemos su paradero o antecedentes familiares. Desconocemos su edad. Todo. La cuestión es que yo me lo encontré un día, en Madrid. Me habían invitado a una expsosición de collages. El, por supuesto, tenía colgadas algunas piezas. Entonces, no tenía más remedio que existir. Estaba ahí. Lo sé también porque alguien me preguntó ¿quieres conocer al Señor García? Como negarse al mito. Cuando lo vi, pensé que era un García más, posiblemente lo que siempre quiso ser. Hablamos, y hoy me parece que sus collages tienen más lógica. Un collage es siempre un mundo aparte.


¿Quién es el Sr. García? Nadie diría que por tu apellido ibas a conseguir recrear un mundo tan personal, y sin embargo.

Después de tantos años escondiéndome bajo el pseudónimo, me encanta ese anonimato. Como ya he dicho otras veces, soy “otro” tímido compulsivo, y me ha beneficiado que mi nombre lo utilicen más de cinco millones de personas en el mundo.

¿En el collage cabe todo?

Cabe todo. La cuestión es siempre divertirte con ello. Improvisar, experimentar, emocionarte. El collage me permite dar saltos de aquí allá. Entrar y salir, rebuscar, dibujar, ensuciar o dejarlo todo limpio, insinuar o gritar.

Desde luego los tuyos juegan a ironizar. Eso me parece. Pero también albergan algo de candor e inocencia.

Me considero apasionado de las revistas y libros de los años 50 y 60. Con esos materiales es inevitable que el resultado recree un mundo muy idealizado, sencillo, fácil. La inocencia de los felices años 60.



Y me recuerdan al humor de Jacques Tati y otros cómicos. ¿El absurdo juega un papel importante?

Soy fan de las greguerías de Don Ramón. El las definió como: humorismo + metáfora. Uno de sus métodos, fue la asociación visual de dos imágenes: “La luna es el ojo de buey del barco de la noche”. En el fondo el creaba sus propios collages, pero sin una gota de pegamento, sólo con tinta. Para mi el collage, debería tener siempre esa buena dosis de ironía, de humor, a veces, de absurdo.

¿En qué te inspiras? Muchos de tus collages parten de imágenes de los años 50 y 60. Podría haber sido otra época. Aparece gente común, incluso si me apuras, sobresalen las figuras de la clase media.

Trato que mis trabajos sean lo más cercanos posibles a mi propias experiencias. Aunque a veces, mis propios fantasmas, mis obsesiones, mis recuerdos no gusten, o no sean trabajos demasiado “decorativos”. Para mi recortar resulta un buen método de “autoayuda”, un “calmante” mental. Como te digo, con el material que juego, revistas y libros encontrados en rastros y mercadillos, es inevitable que el resultado recreé mi propia infancia. Una infancia en una familia de clase media en los años 70.

¿Cómo recolectas las imágenes que luego utilizas en tus collages? Parecen piezas, imágenes, siluetas, creadas para que tu les des su forma definitiva.

El collage guarda mucha relación con el “objeto encontrado”, desde un trozo de hierro, un papel, o una cuerda que me llaman la atención, hasta una imagen que me gusta en una revista. Sumando dos “objetos encontrados", puedes tener la suerte de tropezarte con un tercero que te sorprende aún más al llenarse de otros muchos y nuevos significados.



Un fragmento del mundo (imágenes, recortes, etc.) que todavía no has encontrado y te gustaría colocar en un collage.

Algún trozo de un mapa. Me obsesionan los mapas, y hasta ahora no he sido capaz de encontrar el sitio adecuado para incorporar alguno de ellos en mis collages. Lo seguiré intentando.

¿Y los utensilios que utilizas? Quiero decir, parece que lo digital y los softwares de diseño gráfico han olvidado para siempre las tijeras y el pegamento.

Soy muy metódico para parecer lo más despreocupado e improvisado posible. Eso no lo he conseguido nunca con métodos digitales, al final se me descubre el “truco”. Tengo la suerte de haber jugado desde siempre mucho con mis manos, papeles, ceras de colores, tijeras. He trabajado también grabado tradicional, calcografía, xilografía. Me alegra recuperar esa manualidad que me es muy útil en mis composiciones.

En tus diarios (Tus series “Querido diario”) se aprecia precisamente esa voluntad de reivindicar el collage como manualidad. Por otro lado recrean un mundo particular.

Tengo muchos, muchos cuadernos. Todos podrían llamarse “mi diario”, porque trabajo en todos a la vez, sin orden, aunque lo hago con relativa constancia. Me suelo imponer el ejercicio, sin saltarme un solo día. Puede que por esa razón a veces todo sea más espontáneo, unas veces limpio, otras veces incluso incoherente. Si ese día comí una manzana, debo usar sus etiquetas, si me tropecé con una caja de cerillas la pego inmediatamente para darle forma en el cuaderno.



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¿Cuál es la serie de la que te sientes más satisfecho?

Me considero un tipo bastante observador (casi voyeur), pero a la vez poco reflexivo. Suelo estar con el coco muy activo, persiguiendo imágenes y recopilando información visual de todo tipo, pero doy muchos saltos de un lado a otro, no puedo concentrarme. La técnica del collage me permite trabajar en muchas imágenes y series a la vez, moviéndome de una idea a otra, de una imagen a otra. Creo que por eso no tengo series favoritas aunque alguna pieza suelta me resulta mas redonda que otra. Puede que esta semana me guste las tres que suman “calceta, costura, pespunte”... pero la semana que viene habré cambiado de opinión seguro.

A mi me gusta particularmente el abecedario, el Proyecto AAAAA. Todo está colocado en su lugar, digamos, natural.

El abecedario es otro gran “encuentro”. Los chicos de Picnic me encargaron una serie para su proyecto editorial AAAAA. Esa misma mañana encontré en la calle una baraja de cartas para niños, que representaban letra de la A a la Z, me encajaba perfectamente. Sólo faltaba localizar las imágenes que rimasen con estas letras: animales, motos, funambulistas, el trabajo a partir de este punto fue muy sencillo. Lo difícil había nacido, como casi siempre, por casualidad, y gracias a algún vecino que tiro aquella baraja a la basura.

¿Hay algo nuevo que contar en el collage?

Siempre se pueden combinar las imágenes como si se tratase de palabras, como en el scrabble, y formular nuevas frases infinitamente, eso es lo divertido del collage.



También has publicado en revistas, participado en exposiciones.

El proceso de trabajo ante un encargo editorial es diferente al de las exposiciones. El mundo editorial y la prensa, esta siempre marcado por la urgencia. Eso para mi es un handicap. Al no usar photoshop el trabajo se me complica y las “horas de entrega” se me acortan mucho, pero me gusta el ritmo y sobre todo ver los resultados publicados con tanta inmediatez. Por el contrarío en el caso de las exposiciones todo es más pausado y tienes mucho tiempo para plantearte las cosas, ser más selectivo con lo que quieres mostar

Y un objetivo para los próximos 30 años.

Seguir acumulando infinitas imágenes para poder jugar infinitamente con ellas.


El Señor Garcia en formato Blog
El Señor García en formato Web

jueves, 22 de abril de 2010

leninbak o el influjo de terri richardson



Fotografías pertenecientes al Estudio Leninbak

El influjo de Terri Richardson está por todas partes, tan evidente que cualquiera que se proponga sumarse a la generación no tendrá más que conectar el flash, traspapelar la hoja de contactos o atribuir cierta dosis antiglamour al disparo, como si ahora todas las celebreties quisieran deconstruir su status con un gesto sin renunciar a su imagen de marca. Pero habría que decirlo con palabras más gruesas para ser entendido: el estilo Richardson es intransferible, con el añadido de que el conjunto de sus imitadores no le benefician. Más bien, sobreexponen todos sus defectos y excesos.

La posible sobrevaloración del trabajo de Richardson habrá que ponerla en cuarentena, sobre todo al repasar el trabajo del estudio Leninbak creado por Lucas Cruz y Juliana Boragina. No se limitan a hacer la foto. Componen la imagen, su producción: diseño, ilustración, dirección artística, estilismo. Y a partir de fuentes tan extendidas como las de Terri Richardson, Hedi Slimane, Juerguen Teller o Bruce Weber, infunden algo nuevo. Todavía no sé hasta dónde.

domingo, 18 de abril de 2010

semiótica esteban


El efecto paródico saca a relucir los signos semióticos de Belén Esteban. Amplifica su sistema para hacernos ver con realismo desorbitado la verdad de sus escaramuzas

Al detallar la reconstrucción semiótica de Belén Esteban hemos de disgregar el valor de las preguntas. El personaje se muestra por sí mismo en cada acción verbal televisada, en sus gestos y modales bajo el foco, en su manera de andar (y bailar), en la manera de personalizar su vestimenta, de tal modo que a través de su superficie podemos rastrear un rango de clase: su origen social, su educación, su estilo de vida. Sin embargo la cuestión no es tanto pormenorizar ese rango (algo ya evidente) como descifrar su proceso de encumbramiento televisivo. Si partimos de la idea básica de que el conglomerado de la clase media se ha ido expandiendo hasta engullir estratos de clase por encima y por debajo de él hasta igualar socialmente al trabajador de cuello azul, al oficinista y al profesional, hasta difuminar sus oposiciones culturales y mostrarlos como vértebras de una clase más compacta basada en la satisfacción y en la conformidad cultural (un proceso de igualación), hecho también aplicable al contexto mediático, actualmente la figura de Belén Esteban se muestra en relación al medio como un agente opositor y contradictorio. En ella se subvierte la regla por la cual diríamos que un personaje de tales características no encajaría en la convención. O formateando esta tesis como pregunta ineludible, diríamos: ¿cómo ha llegado a convertirse en la panacea de los audímetros de toda una cadena de televisión? La respuesta es más compleja que el personaje en sí mismo, un personaje planicio, carente de excelencias reconocibles a excepción de la de situarse como abanderada de una clase popular a la que hoy en día se hace difícil localizar (y definir) pues se halla dispersa entre el entramado periférico de las ciudades y los barrios con urbanización y piscina.

El encumbramiento de Belén Esteban, que la lleva del protagonismo coyuntural de la revistas del corazón a la televisión hasta ejercer una función casi estratégica como soporte de las audiencias, tiene que ver con (1) su capacidad de mostrarse en público sin ningún tipo de pudor, pero también con (2) los cambios que ha ido sufriendo la cadena Telecinco en los últimos tiempos. Para entender esta tesis hemos de retroceder al momento en que Belén Esteban todavía trabaja con Ana Rosa Quintana: su rol en ese programa, por la entonación clásica de su presentadora y una puesta en escena amoldada a las expectativas de una audiencia más moderada, incluso instruida, desfavorecía al personaje en el sentido de que no alcanzaba a mostrarse del todo, según sus patrones culturales. Ante sí misma, su presencia quedaba desdibujada, incapaz de ofrecer todo su potencial. Ante la audiencia, sus intervenciones podían verse como elocuentes, aburridas, irracionales o díscolas, pero siempre bajo el predominio de un código que le era ajeno. Su trasbase a las tardes de Telecinco y, más concretamente, su fichaje en el programa Sálvame, marca un punto de fricción en su comportamiento televisivo que la hará destacar ante su público como modelo casi ejemplar.

(1) Si en el desvelamiento semiótico que llevamos a cabo ante la figura de Isabel Presley se hacía notar la dicotomía entre lo oculto y lo manifiesto, con Belén Esteban se aprecia únicamente una visibilidad radical, queriendo decir con ello que todo lo que puede ser dicho será expresado como una contienda. El personaje se comunica bajo la fuerza de una disputa. Ese es su reglamento, la función básica de su proceder. Cuando baja la guardia o su discurso afloja para exteriorizar cierto relajo verbal, el personaje se apaga bajo el crisol de los focos. Por tanto, para existir necesita el arreglo de una batalla (contra la familia Janeiro, Mª José Campanario o. como estamos viendo últimamente, sus trifulcas con la novia de Víctor Janeiro), ya sea en forma de ataque o defensa más o menos legítima. Podríamos detallar cada intervención y siempre hallaríamos el mismo resultado: su incontinencia verbal requiere siempre de un rival, más aún sabiendo que en la mayoría de los casos obtiene el soporte moral de sus compañeros de mesa y que éstos la empujarán veladamente hacia una espiral de afirmaciones y contrarrespuestas que van adquiriendo un tono cada vez más sangrante. La sobreexplotación del victimismo, algo que la acerca al televidente siempre en busca de causas en apariencia injustas, ha sido y es la argamasa de su discurso, lo cual provoca un efecto complementario: potencia el carácter maniqueo de la dicotomía agresores/agredida retroalimentando su legitimidad ante la audiencia.

(2) Si en diez años su discurso prácticamente no ha sufrido modificaciones sustanciales (todo él gira en torno a la familia Janeiro), lo que sí ha sido susceptible de cambios sería el rendimiento de esas contiendas, tanto por parte de la interesada como de la cadena de televisión, hasta el punto de que el programa en el que participa a fecha de hoy, Sálvame, gira en función del discurso-esteban: el formato del programa está construido a su medida, desde esos mismos patrones culturales que caracterizan su personalidad. Más aún, Telecinco se halla inmerso en una reelaboración de su tonalidad, donde algunos presentadores, colaboradores y programas han ido recrudeciendo su vocabulario y sus gestos como si la misma política de la empresa recogiera en una de sus cláusulas la frase por la cual todos ellos han de actuar a su libre albedrío. Los vemos así inflarse de mazapanes o bocadillos, vociferar palabras que hace unos meses hubiera sido impensable escuchar en boca de presentadores y colaboradores, los vemos levantarse, irse, volver, sacar a relucir rencillas internas. El caso más clarificante es precisamete Sálvame, pero otros programas que intentan hacerse un hueco en la parrilla han ensayado la fórmula, en la mayoría de los casos sin éxito evidente.

Pero Belén Esteban, sabiendo que ya ha encontrado su entorno natural en el programa presentado por Jorge Javier Vázquez, irradia su verdad populista con remaches de frases lapidarias, integrando en ocasiones una actitud de prepotencia que vendría dada precisamente por su situación de privilegio en la cadena, avalada por el auditorio. No obstante, al salir de ese entorno, tal cual se está mostrando en otro de los programas en los que participa, Mira quien Baila, su presencia vuelve a diluirse y a exteriorizar todas sus inseguridades. Ya no se trata de poner en cuestión sus dotes para el baile, sino que su miedo escénico tan sólo podría disimularse por el índice de su popularidad. Este programa, donde prima una puesta en escena elaborada, el rigor de los bailarines y un trabajo que elude la improvisación, es sin duda la antítesis del modelo que representa en Sálvame. A Belén Esteba sólo le queda recurrir a la parte más recurrente de su discurso.


Fotos extraidas de su web

En la nota a pie de foto al comienzo de esta entrada hacía advertir que el resultado de la parodia (de la que Belén Esteban ha sido objeto en un programa de televisión) favorece la comunicación de sus signos, pero al mismo tiempo el personaje real se nos presenta paródico. ¿Habría sido necesario el modelo paródico, la imitación? Posiblemente no, más aún si entendemos que su realidad expresiva se abastece del exceso. Ahora bien, la imagen pública de Belen Esteban vuelve a caer en contradicción cuando entramos en su web y visionamos una imagen orquestada que nada tiene que ver con el referente, es decir con ella. De pronto, todos los signos que la definen (y han terminado por popularizarla) han desaparecido: se produce un intercambio de signos donde prevalece la dimensión publicitaria. Si en ella la parodia contiene su verdad, no podría decirse lo mismo de este intercambio en el contexto online de su web. Venderse a sí misma, publicitariamente, bajo el amparo de un código que no le corresponde: su tienda online ratifica esta imposición de signos. Quizá la parodia se resuelve con mayor coherencia al abrir su web que al contemplar el espectáculo de sus imitadoras.

sábado, 17 de abril de 2010

salto de pagina, una editorial independiente



Una entrevista a Pablo Mazo editor y director de la editorial Salto de página.

Para aquellos que no os conocen, ¿Podrías explicarnos el tipo de literatura que editáis? ¿Cuáles son vuestras inquietudes editoriales? ¿Dónde estáis y hasta dónde quereis llegar?

Salto de Página es un proyecto editorial que surgió a principios de 2007 con la vocación de editar narrativa escrita originalmente en castellano, con independencia de su lugar de origen. Hemos intentado conjugar así la apuesta por nuevas voces —vengan de donde vengan— con la difusión para el lector español de autores hispanoamericanos consagrados en sus respectivos países pero que aquí están aún por descubrir.

A este planteamiento que de algún modo ha sido nuestra pista de despegue se suma el de la propia línea editorial, que podríamos caracterizar por una marcada inclinación por lo narrativo en su acepción más literal. Por supuesto que hoy, en competencia con las narraciones audiovisuales, un relato puede ser un mecanismo terriblemente complejo, fragmentario y hasta centrífugo. Pero en cualquier caso se trata siempre del mismo antiguo placer de inmersión en una historia, y que, pensamos, sigue siendo la función privilegiada de la novela y el relato.

Después de casi tres años, creo que estamos muy bien situados, aún con las dificultades del momento que atravesamos y de las que nadie escapa. Aunque como me decía hace poco Pote Huerta [editor de Lengua de Trapo], en medio de una tormenta un palillo sufre menos que un transatlántico. ¿Hasta dónde queremos llegar? Supongo que a consolidarnos como una editorial independiente de referencia, valorada por la calidad del catálogo, y sin dejar de cuidar los libros como creo que hemos hecho hasta ahora.



¿A qué tipo de lectores os dirigís? La vuestra parece una editorial focalizada, quiero decir, con un estilo personal y una identidad muy marcada.


Ahora que lo preguntas: no sé si hemos pensado en ello tanto como sería deseable. Sí hemos buscado siempre que la editorial tuviera un perfil nítido, desde el propio diseño de colección —obra de Sergio del Puerto / SerialCut— hasta la fidelidad a esa línea editorial y la coherencia del catálogo. En este último aspecto, es posible que esa inclinación por la narrativa a la que aludía antes nos haya llevado a apostar por textos que siempre lindan de alguna manera con géneros de origen (más o menos) «popular», como la novela negra, el fantástico, el terror o la ciencia ficción. Supongo que este acento en géneros a menudo injustamente valorados también contribuye a subrayar esa identidad.

En poco más de tres años, desde el 2007, la editorial ha crecido mucho. Tenéis dos colecciones y un número nada despreciable de autores editados. La Colección Púrpura reivindica nuevos valores, la Colección Cian evoca un acto de recuperación. Parece que ambas colecciones responden a una necesidad.

La primera es sin duda el núcleo del catálogo y, efectivamente, al estar dedicada a la narrativa contemporánea, es la que puede albergar autores emergentes. La segunda tiene la vocación de rescatar obras del siglo XX escritas originalmente en castellano que han permanecido inéditas en España o llevan un largo periodo de tiempo fuera del mercado editorial a pesar de su indudable calidad, y la acabamos de inaugurar con La raíz rota de Arturo Barea. Nos parecía la forma natural de ampliar el catálogo y llegar a un tipo de lector que no está interesado sólo, o no lo está en absoluto, en la narrativa contemporánea; y sus dificultades propias tienen que ver fundamentalmente con la investigación en un ámbito muy trabajado y con el acceso a los textos. En cualquier caso, sin duda lo más complicado —y también, por ello, lo más meritorio— es y seguirá siendo apostar por nuevas voces.



¿Se hace difícil mantenerse en un mercado tan saturado?


Honestamente: mucho. Por ello creemos que, a medio plazo, sólo desde la apuesta por la calidad, la exigencia literaria y la coherencia del proyecto podemos hoy las editoriales servir de referencia y merecer la confianza del lector.

¿Qué lugar ocupan las editoriales independientes como la vuestra en el maremágnum editorial español? Parece que las grandes empresas de comunicación apenas dejan espacio para otro tipo de iniciativas, pero vosotros habéis demostrado que la calidad es un valor eterno incluso en un ámbito tan difícil como el editorial.

Creo que hoy las editoriales independientes constituimos un continente rico y fértil del mapa editorial español, cuyo valor viene reconociéndose desde hace tiempo y tiene mucho que ver con nuestra contribución a eso que suele llamarse bibliodiversidad. Asumimos los riesgos inherentes a una empresa frágil y expuesta a la incertidumbre, cuyas apuestas demandan unos ciclos largos que el mercado pocas veces admite, en un marco caracterizado por la sobreproducción y a menudo dominado por criterios conservadores y comerciales. Apostamos por la calidad (noción siempre subjetiva y discutible, pero en cualquier caso nuestra y ajena a otros compromisos), entendemos nuestro trabajo como una forma de activismo cultural y nos sentimos cómplices de los autores, de los libreros y, en fin, de los lectores. Pero, como apuntaba antes, de entre los valores que de forma casi unánime se han venido reconociendo a la edición independiente, aquel que podría reivindicarse quizá con mayor justicia es la apuesta por autores emergentes, cuyo acceso a los grandes sellos resulta hoy prácticamente imposible. Haciendo de la necesidad virtud, las editoriales independientes desempeñamos una valiosa labor de investigación y selección; escrutamos montañas de manuscritos como quien se lanza a la búsqueda de un tesoro para confeccionar nuestro catálogo, y, en definitiva, confiamos en la calidad de los textos como principal carta de presentación ante sus lectores.



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A nivel cultural y de mercado ¿cuál sería vuestro peor enemigo?

Tal vez uno de nuestros peores enemigos sea un problema que entraña al mismo tiempo una dimensión cultural y otra comercial: la escasa visibilidad. Con unos recursos modestos, y sin la posibilidad de orquestar grandes campañas promocionales, cualquiera de nuestros proyectos —incluso los menos arriesgados— exigen un esfuerzo suplementario en materia de prensa y comunicación. Aunque lo cierto es que cada vez son más los críticos y periodistas culturales que muestran un gran interés en el trabajo de las editoriales independientes y nos siguen con atención.

El eterno dilema ¿Qué es lo que hace que un libro se venda?

Diría que, junto a los valores y el potencial del propio texto, la partida se juega en el terreno de la prensa y la distribución. Pero me gustaría poder contestarte algo menos obvio.

Si tuvieras que nombrar una editorial por su estilo, por su catálogo, por su coherencia empresarial...

Muchas… Me gusta el diseño y la concepción de las colecciones de 451 o de Errata Naturae, el catálogo de Abada o de Valdemar, la coherencia de Páginas de Espuma, Candaya, Minúscula.

¿Mantenéis relación con otras editoriales independientes?

Por supuesto que tenemos relación con otras editoriales, y siempre es algo grato y productivo; tanto para compartir experiencia como para sumar esfuerzos. Por ejemplo, durante esta pasada Feria del Libro de Madrid (y un poco a contracorriente de lo que suele hacerse en ese marco) celebramos un acto en torno a los libros peor vendidos, los worst sellers. Fue una iniciativa de Ediciones Escalera y en la que participamos además otras cuatro editoriales, Errata Naturae, Artemisa, Baile del Sol y nosotros mismos, para discutir desde la autocrítica (y el sentido del humor) sobre nuestros proyectos menos afortunados —en nuestro caso Plop, de Rafael Pinedo— y sus motivos, y la convocatoria obtuvo muy buena acogida y bastante atención mediática. Por otra parte, ya existen citas e iniciativas que favorecen activamente ese contacto; la de más reciente creación será la Semana de la Literatura y la Edición Independientes que tendrá lugar en Blanca (Murcia) a finales de septiembre, y que sin duda será un importante punto de encuentro para editores, críticos, traductores, agentes, distribuidores y libreros.



Una frase para sobrevivir (sin dejar de ser fiel a vuestros principios editoriales).

«No sabían que era imposible: por eso lo hicieron.»

También convocáis un premio literario, el Premio Avadoro de Novela Gótica. ¿Qué os ha hecho decidiros por un estilo como el gótico, quizá algo olvidado en la narrativa contemporánea?


Surgió la posibilidad de organizar este premio en colaboración con la organización de la Semana Gótica de Madrid (que se celebrará a finales de octubre de 2009), y nos pareció muy atractivo; tanto por la originalidad de la iniciativa en la que se enmarca, como por nuestro propio interés en el género. No creo que hoy esté olvidado, al menos si entendemos lo gótico en un sentido amplio, más como la evocación de cierta atmósfera y determinados motivos que como un género con unas reglas muy definidas. Pensemos por ejemplo en el auge de la figura del vampiro en la narrativa actual. Creo que el terror en su conjunto —desde esta narrativa de vampiros hasta la revisión de clásicos como Poe— vive un buen momento, quizá sólo superado por el policial.



Supongo que a Salto de Página llegarán muchos originales. ¿Cuáles son los parámetros que hacen que os decidáis a publicar a un escritor emergente o novel? No debe ser fácil apostar por una novela, por un nombre.

Recibimos muchos originales; una media de diez semanales, y en algunos momentos más. Y, en efecto, apostar por un autor novel o emergente siempre es un reto. Pero, en el fondo, los criterios son siempre los mismos: la calidad del texto y su adecuación al catálogo, su proximidad respecto a la literatura que nos interesa. No creo que un autor emergente deba ser valorado desde criterios más específicos, ni más (o menos) exigentes que otros. Tales apuestas entrañarán más dificultades o exigirán más paciencia; pero también pueden ser las más satisfactorias.

Un autor que os gustaría editar y no está presente en vuestras filas.

De entre nuestras lecturas recientes: nos han gustado mucho novelas como Revancha, de Willy Uribe o El mapa del tiempo de Félix J. Palma, si bien de este último hemos tenido recientemente el gusto de publicar un relato en la antología del fantástico español actual preparada por Juan Jacinto Muñoz Rengel Perturbaciones.

jueves, 15 de abril de 2010

javier de juan, más allá del comic


Madriz No.5, mayo 1984

Las imágenes contenidas en esta entrada han sido escaneadas directamente de las revistas originales.

Javier de Juan
pertenece a una generación de dibujantes que empezó a introducir la expresion pictórica en el contexto de lo que en otro sitio he llamado la tercera via del comic de los años 80, una alternativa a la influencia de la Línea Clara y la Línea chunga, escuelas que mostraban la polarización de los estilos y habían aglutinado una cuota considerable del cómic que se estaba haciendo entre finales de los 70 y mediados de los 80. La línea más vanguardista, y utilizo aquí el término por su resonancia de ruptura ante un medio codificado en extremo, había adquirido su máxima expresión en la revista Madriz, dando la posibilidad a nuevas formas narrativas y, lo que es más crucial en el desarrollo del cómic, a técnicas que habían quedado descartadas y pertenecían tradicionalmente al ámbito de la pintura.

Esa nueva perspectiva asumiría su influencia de complemento indirecto en el arte de los años 60 (Equipo Crónica, Luis Gordillo, Juan Antonio Aguirre) y los 70 (Eduardo Arroyo, Chema Cobo, Carlos Alcolea) que retomaba la estela pop y la mezclaba con otros lenguajes pictóricos. Muchos dibujantes que estaban editando regularmente en la revista Madriz forman un eje todavía no consensuado con el auge de esa Nueva Figuración en el arte de los 70. Javier de Juan es un caso particular. Su obra editada en tal revista (aqui mostramos algunos ejemplos) ofrece signos más sutiles de esa influencia, pero su voluntad de romper el esquema codificado del cómic está presente en cada una de sus páginas. De tal forma, desaparece la organización en cuadros preestablecidos, el dibujo desborda los márgenes e inunda todo el espacio de la página, la parte escrita (el texto) adquiere diferentes niveles expresivos hasta el punto de que en la mayoría de los casos prescinde de su colocación tradicional (bocadillos), el uso de técnicas mixtas (cera, lápices de colores utilizados de modo aparentemente infantil, etc) ofrece un nuevo relieve al dibujo, todo lo cual configura una predisposición hacia la pintura que en el caso de Javier de Juan ya estaba presente en esos años y desarrollaría con mayor intensidad en años posteriores.


Madriz No.16, mayo 1985

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Madriz No.7-8, julio-agosto 84



Madriz No.10, noviembre 1984





Madriz No.15, abril 1985


Madriz No.9, septiembre-octubre 1984


Madriz No.17, junio 1985


Madriz No.22, noviembre 1985

trash yeye



La herencia de Serge Gainsbourg se ha hecho notar en las últimas tres décadas, más aún cuando en los años 90 se inicia el boom de la nueva canción francesa e intérpretes como Benjamin Biolay van aún más lejos al adoptar la entidad sociocultural de Gainsbourg. Esa herencia se vislumbra en diferentes frentes musicales, tantos como acometió el cantante francés en su discografía.



Jerôme Minière > Un avis de défaite | LP. Monde pour n’importe qui, 1996
Bertrand Burgalat > Ma reencontré | LP. Meets as Dragon Rochels, 2001
Benjamin Biolay > Qu'est-ce que ça peut faire | Trash Yéyé, 2007
Bertrand Burgalat > L' Observatoire | LP. The Sssound of Mmmusic, 2000
Mareva Galanter & Rufus Wainwright > Serge Et Jane | Happy Fiu, 2008
Julien Doré > Mon apache
Dominique A. & Françoiz Breut > Le Twenty-two bar
Etienne Daho > Les chansons de L'Innocence

Bonus Track:
Pierre Bachelet > Emmanuelle, 1974

lunes, 12 de abril de 2010

relaciones sociales




Cuando visionamos nuestras fotografías, aquellas que hacemos en una cena o reunión, dificilmente nos observamos como elementos indirectos, es decir, ajenos a nosotros mismos. Erwin Goffman, sociólogo norteamericano que estudió en detalle las relaciones pautadas en los micro-grupos sociales, añadiría que las relaciones personales estan construidas por ceremoniales y códigos apenas perceptibles. La fotógrafa norteamericana Mara Bodis-Wollner recrea y osculta precisamente pequeños gestos cotidianos, calculando que en cualquier momento esa gestualidad podría adquirir patente ajena. Un instante puede producir extrañeza. En la escena, todo pasa tan velozmente que lo realmente importante ya ha acontecido sin darnos cuenta.

 
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