El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


martes, 1 de marzo de 2011

el hortelano, mirando una estrella (entrevista)


Los misterios de la Biología, 1983, óleo y técnica mixta sobre lienzo, 190 x 170 cm

En Marzo de 2008, El Hortelano concedió una entrevista a 200 días en Sing-Sing. Pasado ese tiempo, sus palabras siguen de actualidad porque su propia obra es ya intemporal. En ella se aborda su trayectoría artística, su vivencia del arte, su forma de interpretar el pasado y el presente. En definitiva, un pintor clave para entender las transformaciones iconógráficas y pictóricas de los últimos 30 años, en España. He de anotar que por motivos de espacio y caracteristicas del blog no se puede reproducir fielmente la atmósfera de la entrevista publicada en la revista. Esta versión sólo contiene algunas preguntas de la entrevista original. Para aquellos que quieran ahondar en ella, les remito a la web de 200 días en Sing-Sing, donde pueden descargargarla con todos los contenidos, fotografías y textos completos.


¿Cómo recuerdas los años en que empezaste a pintar?
Yo siempre he pintado toda mi vida, desde que era un niño en el colegio. Era el típico niño en la clase que siempre estaba dibujando. De hecho, empecé super joven. Mi primer cuadro me lo pagaron cuando yo tenía trece años. Era el típico artista de la clase. Fui a los Hermanos Maristas y a La Salle, en Valencia. Entonces me acuerdo que a mí el profesor de dibujo, que era un curo, en los Maristas, me ponía a dibujar en la pizarra el modelo que tenían que copiar los alumnos. Yo le hacía el trabajo al profesor. A mí me daban matricula de honor en dibujo. En aquella época también fui director de la revista del colegio, que se llamaba Boom. Era el director y era un niño. Tenía doce años. Y me acuerdo que me pintaba las portadas dibujando directamente en una especie de calcos que había que se llamaban Ferro. Dibujaba directamente ahí y eso pasaba a la imprenta.


¿Recuerdas los primeros trabajos que publicaste? Lo digo porque fuiste muy precoz en ese sentido.
La primera vez que yo empecé a publicar en serio fue a los trece años. Yo tenía un amigo que se llama Miguel Nueca, que era muy futbolero. Yo no lo era nada. Y en Valencia había un periódico que se llamaba Record, que era de futbol, como el Marca. Entonces les faltaba un dibujante y sacan un anuncio. Miguel era amigo del director del periódico. Yo fui con mi carpeta de dibujos y me contrataron. Imaginate yo, un niño de trece años. Me tenía que quedar todos los domingo a escuchar todos los partidos. Miguel era el guionista, se inventaba el chiste, la anédota, y yo tenía que dibujar contrareloj una página entera, que se llamaba la página de Morera El Hortelano. Tenía que salir el lunes. El lunes por la mañaña era como un héroe en Valencia. Todo el mundo leía mi página. Eran dibujos míos y abajo como versos. Después, me acuerdo que conocí a Mariscal. Nos veíamos en el mismo parque. El es cinco años mayor que yo, y él pertenecía a la pandilla de los mayores. Yo me daba cuenta que él era como muy moderno, como el más moderno de Valencia. Empezaba a dibujar. Te estoy hablando de la época anterior a los Garriris, del año 67 más o menos. Entonces, iba a verle a su casa, me ensañaba sus comics. También iba a ver al Equipo Crónica, cuando tenían un estudio en la calle Turia, en Valencia. Y yo iba aprendiendo de todo el mundo. Por otro lado yo era muy amigo, y sigo siéndolo, de Roberto Jiménez, que ahora mismo es profesor de Perspectiva en la Facultad de Valencia. Nos gustaba mucho la música. Fuimos a ver a Pink Floyd a Tolouse. El era miembro de un grupo musical. Y él también pintaba.


El misterio del mundo, 1985, técnica mixta sobre lienzo, 180 x 260 cm

La aparición de la revista Star en el 74, también amplió tus horizontes. Es una revista fundamental en tu trayectoria.
Yo iba mucho, y nos enteramos de que se va a hacer la revista Star. Ya aparece por ahí Juan José Fernández, y ahí nos metemos todos. Yo no conocía todavía a Ceesepe, ni a Alberto García Alix, pero algunos de ellos, gente de Madrid, empiezan a publicar en Barcelona sin que nos conozcamos personalmente aún. Y a mí me gustaba mucho lo que hacía Ceesepe, la época de Slober, y, bueno, decía “Este hombre es un genio”. Ceesepe me sigue pareciendo un genio.

Tus colaboraciones en Star, tanto en su sentido formal como en los contenidos de las historias, se separa un tanto del concepto clásico del comic underground que se venia publicando en la revista. Trabajas sobre historias con un aporte incluso conceptual, una narrativa nada convencional. Aparecen los primeros signos de lo que sería tu serie Europa Requiem. Incluso ahondando en la visión que aportas en ese periodo, la naturaleza, la aparición de animales, insectos y elementos propios del mundo natural, y el protagonismo que adquiere el firmamento (el cielo) tan común en tu obra posterior, ya está presente.
Yo he tenido mucha influencia de la pintura clásica. Dos tipos de influencia. Por una lado, la pintura clásica de Velázquez, Goya, Van Gogh, Soutine, igual que El Greco, el Bosco. Por ejemplo, la época del Europa Réquiem yo nunca he hecho un comic en el sentido estricto de viñetas, tramas, nudo y desenlace, sino que toda la época de Star eran como historias que tienen más que ver con los Caprichos de Goya, con una especie de epopeya espiritual: el ser humano mirando a las estrellas e interrogándose ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? Y ¿adonde vamos?... Pienso que el arte es muy importante en la vida de la gente. Cuando hago arte intento influir en la gente. Siempre lo he dicho, que lo que busco es hacer más feliz a la gente. Incluso en la época de Star, intentaba que tuviera un sentido profundo, o bien místico. Pero también tengo historias surrealistas.


Osa Mayor / Megrez (serie «Osa Mayor»), 1999, óleo sobre lienzo, 200 x 200 cm

Ese mundo, con referencias a El Bosco, llenas de simbolismo, un mundo figurado con signos casi apocalípticos, lo sintetizas en cuatro ilustraciones de 1978 que llevan por título Las cuatro Estaciones, correspondientes a tu serie Europa Requiem. Del mismo modo, a mí me parece que resumen tu obra de esos años.
Sí, ahí intente resumir en cada estación todos los hallazgos que había hecho en pintura. Ahí hay muchas anécdotas, homenajes también. Homenajes a los Garriris (de Mariscal). Uno de los personajes del Europa réquiem está leyendo El Trapecista, de Ceesepe, que era un fanzine que había hecho en su momento. La parte de la primavera está dedicado a Bárbara, a Ouka Leele. Hay muchas alegorías alucinógenas, las setas, los enanitos. Los dados también los he empleado mucho últimamente. El fondo está hecho con aerógrafo. Fui de los primeros en España que me compré un aerógrafo en Londres.

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En 1980 llevas a cabo tu primera exposición individual bajo el título de Moda, en la galería René Metrás de Barcelona. Su inauguración tiene todos los tintes de un happening: llegas en una ambulancia, con una lubina por corbata, tumbado sobre una camilla que transportaba Ouka Leele vestida de enfermera. Por cierto que parte de esa performance quedó recogida en tu video Koloroa, de 1980, uno de los primeros en utilizar el lenguaje de la imagen como video-arte ¿Cuál fue la intención al realizar un happening de esas características? ¿Y qué significó esa exposición en tu proyección como pintor?
Primero, tiene que ver con que yo soy valenciano, siempre tengo un sentido del
espectáculo. Ahora ya soy mucho más tranquilo, por supuesto, lo que me gusta es exponer y ya está. Pero entonces no me conocía mucha gente y había que hacer algo sonado. Que a partir de ahí me conocieran ya en todos los sitios. Y había también un componente conceptual, el sentido del artista como médium. Si te das cuenta, entre los elementos de esa performance está la ambulancia, las sirenas, como si fueramos la alarma de la sociedad. Por ejemplo, yo siempre he sentido intimamente que lo que yo pinto es totalmente nuevo, es una sensación. En esa época yo creía, y lo sigo creyendo, que lo que yo hacía era revolucionario, que nunca se había hecho anteriormente, aunque siempre tienes influencias de mucha gente. Cada artista tiene un sentido de lo que es su arte. Hay unos que son más tranquilos, y yo pienso que estoy cambiando el mundo. Por eso la pintura me parece una cosa muy seria, porque la pintura te puede cambiar la vida. De hecho es de las únicas cosas que nos quedan, es decir, el buen arte trasciende tus miserias, tu soledad, todo. El arte es un hospital donde se cura la gente. Aparte que en esa exposición hubieron muchas mas cosas. Toda la galería estaba llena de televisiones retransmitiendo en diferido todo el evento. De hecho, para bien o para, al día siguiente, me conocían en todos los sitios. Pero lo interesante del tema es que en esa época, mientras yo estaba haciendo esa performance para Moda, con la lubina como corbata, también hizo Ouka Leele lo del cerdo en la cabeza. Ella inauguró una exposición en Madrid con un cerdo en la cabeza, que le había sacado los ojos y le había puesto luces dentro. Esa época la pasamos juntos un poco la fase animal. Si te das cuenta yo estoy representando el mundo del hombre, la corbata, que es un pescado. Y Ouka Leele está representando el mundo de la mujer, que es un peinado, un peinado como un cerdo. Es peluquería, que es un mundo femenino.

En 1981 realizas un cuadro que también demarca tu obra durante algunos años, al menos hasta 1985-1986. Hablo de El vecino, una obra en la que está presente el medio urbano y la nostalgia del medio natural representada por el cielo y la luna. A mi me parece que esta obra tendrá su continuación en otras tantas: Aseo personal (1983), Los misterios de la biología (1983), Vía Láctea (1983), Comida (1983), El gajo (1985) o El nudo (1985). Hay un cambio en tus planteamientos pictóricos.Sería posible racionalizar esa transformación en tu pintura?
Yo creo que mi obra siempre ha ido evolucionando. En relación a El vecino, yo nunca he hecho un salto demasiado fuerte. Una cosa siempre lleva a la otra. En los cuadros de esa época siempre corto las habitaciones. Son como dos mundos, el universo, la luna, el cosmos, y los interiores. Me gustan mucho las simetrías. En algunos cuadros hay un juego de cruces, nubes en cruz, lágrimas en cruz... Y siempre hay un elemento en un interior que coincide con otro del exterior, por ejemplo, el gajo con la luna. Siempre hay una correspondencia de una cosa pequeña con una cosa grande, por ejemplo, en otro cuadro hay una correspondencia de una uña con la luna. Esos cuadros son muy urbanos, en plena movida madrileña. Siempre hay un mundo que se desarrolla en ventanas. Incluso algunos de esos cuadros son tambien puro Europa Réquiem. En realidad, siempre estoy pintando lo mismo con diferentes lenguajes.... Lo que está claro es que lo que más me influye es el hombre mirando por la ventana. Si te das cuenta, siempre estoy hablando de lo mismo: el hombre con la ventana ¿Qué es esto? Un viaje al infinito. En realidad es para lo que sirve el arte, para huir de ti mismo, para volar.

¿Qué pintores te interesaban?
Me gustan los buenos. Velázquez, Goya, Van Gogh, Odilon Redon, Sautin, Caravaggio. El Greco, me encanta El Greco. Además, mis cuadros de esa época tienen mucho de El Greco. Marc Chagall tiene cosas que me gustan. Picasso. Es que en realidad hay muchos pintores buenos. Los que le gustan a todo el mundo será también por algo. Lo que más me gusta también es la parte naturalista de Monet. Y aparte de todo esto, lo que más me interesa es la pintura asiática, la pintura japonesa. Las estampas japonesas, las acuarelas zen. La pintura esquimal, eso me ha influido igual que Velásquez o Goya. Topor, gente que se lo trabajaba muy bien a plumilla. Topor es buenísimo. De Topor sacó mucho OPS, dibujos que son como grabados. Moebius es muy bueno. Soy una persona que me gusta un poco de muchos artistas. No tengo un artista que todo lo que haga me gusta, ni Velázquez ni nadie. Velaquez tiene cosas que no me gustan y cosas que me apasionan. Pero ¿sabes lo que más me ha influido?, la naturaleza. Más que el mejor artista del mundo. A mí lo que más me impresiona es darme ahora un paseo por El Retiro y ver la naturaleza, y ver un escarabajo por la hierba. Durero, por ejemplo. Durero me encanta. La liebre de Durero. Es un gran pintor de la naturaleza.

En 1985 realizas un cuadro también clave: El misterio del mundo. Un cuadro ya volcado plenamente en la naturaleza, en contraposición a los de la etapa anterior, que eran más urbanos. Además, tu gama cromática cambia. Utilizas tonalidades cálidas, luminosas. Se produce un cambio sustancial.
Yo creo que sí. Es simplemente que ya salgo a darme un paseo por el campo, que si te das cuenta es lo que quiere decir el cuadro. Salgo al campo a que me dé el aire. En ese cuadro hay todo un mundo a descubrir, una procesión de hormigas, los dados, que ya estaban en el Europa Réquiem. Puedes hacer muchas lecturas. Hay un corazón de amor grabado en un árbol, yo estoy mirando para otro lado. Hay todo un mundo de separaciones y de historias. Pero lo bonito de un cuadro es que lo lee el espectador. Además el espectador puede inventarse lo que le dé la gana. Un cuadro tiene varias lecturas. No tienes por qué ceñirte a un tipo de lectura. Ese cuadro es tan sencillo como que me gusta darme un paseo por el campo, después ya lo puedes leer de cincuenta mil maneras. Hay partes muy Van Gogh. Tambien tiene mucha materia. En ese momento empiezo a meter mucha materia, tiene una espesura como de dos dedos. Está rascado con cuchillo, como una sopa. Oleo mezclado con tierra, y casi puedes meter el dedo en cada ranura. El árbol es totalmente mazizo de materia, mezclando serrín con óleo.


El viaje de las tortugas (Serie «Humano» nº 65), 2004-2005, óleo y técnica mixta sobre lienzo, 28 x 22 cm

Los años 90, sobrepasando incluso los primeros años de la década presente, vienen marcados por dos series, proyectos de una envergadura conceptual y estilística inmensas: Pater Noster (1990-1994) y Osa Mayor (1996-2004). Incluso en un texto que lleva por título “Osa Mayor” escribes:”Dulce firmamento que consuelas mi corazón”. Esa especie de nostalgia de la que ya habíamos hablado en relación a algunos de tus cuadros de los años 80 parece diluirse de un modo sereno para dar paso a la comunión entre el hombre y el cosmos.
Cuando me voy a Roma, me influye también la tradición cristiana. Como yo me considero un pintor religioso, no en el sentido católico del término, sino que el Padre nuestro es para mí como un mantra, una manera de agradecer al universo. Lo que dice el Padre Nuestro me parece una maravilla. Yo rezo todos los días, antes de comer y antes de cenar, porque es de bien nacidos ser agradecido. En el mundo hay mucha hambre y realmente somos afortunados de poder comer cada día. En Pater Pétalos / Mi vida azul ultramar, 2006-2007, óleo y técnica mixta sobre lienzo, 240 x 170 cm Noster pinto un cuado de 2x2 metros por cada verso de la oración. Y con Osa Mayor vuelvo al universo. La Osa Mayor son siete estrellas, y esa serie se compone de siete cuadros.

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