El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


lunes, 25 de julio de 2011

la autodestrucción es un negocio que siempre enriquece a otro


Foto: Hedi Slimane

Ya no sabremos hasta donde podría haber llegado, pero hoy ya intuimos que Amy Winehouse ha empezado a escalar la cima hacia el mito. Las discográficas, con su muerte, ya se encargarán ahora de explotarla hasta mediar en esa construcción para sacar el rendimiento más apropiado. Por supuesto, ella es ajena a esa construcción. Ella ha vivido como mejor sabía, pero su vida también está en sus canciones.

Curiosamente, su mitología no va a edificarse sobre su música, sino sobre un cadáver. Ese es el fundamento de las mitologías musicales. La muerte también sirve para vender discos. Las discográficas lo saben. La muerte vende. Pero ella es ajena a ese negocio. Ella ha muerto como mejor ha sabido, y eso es admirable en muchos sentidos. Su música desprende valor, fuerza, originalidad vocal, una reutilización de los mecanismos clásicos del soul adaptados a una presencia contemporánea que brota de la honestidad, lo cual es dificil encontrar en estos tiempos.

Amy Winehouse no ha inventado nada musicalmente, escenográficamente, pero ha sabido devolverle al soul la cadencia de un torbellino que otorga una caricia a la nota y la golpea a partes iguales. Mientras otras divas contemporáneas como Lady Gaga han perfilado su identidad en base a un collage expuesto como un modelo de negocio, Amy Winehouse ha tenido la lucidez para mantener, a pesar de sus excesos, la expresión de la autenticidad. La paradoja es que, una vez más, la autodestrucción esconde un modelo de negocio. Nunca sabremos quien se lucrará de ello, aunque cada discográfica tiene en el armario sus propios mitos. Amy Winehouse ha muerto. Posiblemente la mejor cantante de su generación, honesta y sensible. Todo está en sus canciones. Quizá también en su vida.

sábado, 16 de julio de 2011

calle & estilos II



Nada inusual excepto por la forma en que los calcetines interceden entre los zapatos amarillos y las piernas. Unos calcetines rasos, convencionales. La ausencia de color o motivos realza esa normativa para, contradictoriamente, darles un mayor margen de originalidad. Pero el detalle redondea la relación: los signos más destacables también se muestran en ocasiones a través de esa convencionalidad. La conexión entre los distintos elementos decide el valor.

miércoles, 6 de julio de 2011

glóbulos (cuatro imágenes de ouka lele)

Ouka Lele ha retratado en numerosas ocasiones a El Hortelano. Quizá una de sus imágenes más celebradas en relación al pintor sea la que añadió en su serie Peluquerías (1979), pero también aquellas en las que aparecen mapas imaginarios, cartabones y lapiceros. Otras, sin embargo, son menos conocidas, fotografías que expresan igualmente, en estado puro, el lenguaje fotográfico de Ouka Lele tal como había empezado a imaginarlo a finales de los años 70. Tal el caso de las aquí reproducidas, directamente escaneadas de las publicaciones originales. Las tres primeras fueron incluidas en un pliego dividido en cuatro partes, editado para el album de El Hortelano Europa Requiem (1978). Por una parte aparecían cuatro retratos en blanco y negro, por la otra una de las obras que mejor sintetizan la obra de El Hortelano enmarcada en el contexto de las revistas underground de los 70, Las cuatro estaciones (1978). La ultima fotografía (en color) se editó como contraportada en la revista Star, No.46, abril 1979. El globo ocular se muestra exorbitado, quizá en representación de uno de los temas abordados por la fotógrafa en algunos momentos de su trayectoria inicial: la transfiguración del cuerpo humano a partir del humor y un surrealismo tenue, apenas convidado pero que sirve como empuje, con toda su potencia.




 
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