El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


viernes, 29 de junio de 2012

significado abreviado de las portadas en La Luna de Madrid

Breve extracto de La Luna de Madrid: la expresión periodística de la movida madrileña y la formación iconográfica del cambio cultural a principios de los años 80. Titulo provisional de un libro en el que estoy trabajando a partir de textos realizados para una investigación de doctorado llevada a cabo en el Departamento de Historia Social y del Pensamiento político de la Facultad de Sociología y Ciencias Políticas de la Uned



La riqueza visual de La luna de Madrid, a pesar de estar editada a dos tintas a excepción de las aportaciones en color de sus portadas, es también la descripción de una época a través de la iconografía. La sensación más o menos exacta de que la imagen (sus formas visuales) que aglutina la revista se corresponde con los elementos iconográficos propios del contexto de la movida madrileña está en la base de lo que hemos llamado factor de visibilidad, es decir, el reconocimiento del mismo por parte de un auditorio que a través de tales elementos, figuras-emblema y prácticas culturales específicas, puede objetivarlo, sintetizar su variedad de propuestas y delimitar el marco social en que se dan los sucesos.

Si pensamos que en los años 80 el diseño (en su concepción global) fue adquiriendo cada vez más enjundia como práctica cultural y social, y el cómic, como lenguaje que formalizaba un vínculo entre lo plástico y la expresión de la nueva generación, vivía su periodo de auge editorial, no es de extrañar que la revista hiciera acopio de lo visual introduciendo tanto diseño gráfico, ilustración, cómic, pintura, fotografía o diseño de moda, en un intento, además, de describir otra tendencia de época (en el contexto) consistente en hacer que todas esas disciplinas interactuasen entre sí.



Las propias portadas de la revista son un buen ejemplo de lo que venimos diciendo, donde se crea una superficie simbólica y visual que amalgama el significado del diseño en la sociedad contemporánea. No se trata sólo de que en ellas se sondeara la novedad o lo moderno, sino que en su contabilización total las portadas registran la iconografía del contexto de la movida madrileña y su manifestación a través de la ilustración o la fotografía, por medio de la moda o el diseño gráfico. Ya comentamos, atendiendo a la portada del número 1 (fotografía de Ouka Lele) que ésta establecía además una relación simbólica con la propia política editorial de la revista: una ventana nueva que se abría a la cultura desde el desenfado y el hedonismo, distanciándose de los cenáculos intelectuales ortodoxos y proporcionando una mirada nueva sobre los hechos culturales.

Muchas de esas portadas no explican el contenido específico de cada número ni se refieren a artículos o entrevistas dispuestas en su interior, sino que mantienen la expresión general de la revista, el tono, su capacidad de asimilar diferentes formas artísticas y visuales, propio a la vez del entorno de la movida. En ese sentido, existe una diferencia cualitativa respecto a aquellas revistas que en la portada ya adelantan lo que el lector puede encontrar en sus páginas. La Luna de Madrid potencia lo gráfico y lo dota de un valor en sí mismo, como si esas portadas fueran al mismo tiempo un canal de difusión artística, un medio de difundir lo que ya se estaba produciendo en el contexto. Así, algunas portadas connotan una preferencia por una determinada línea gráfica. La revista organiza su material visual, por tanto, atendiendo primero a la portada como un signo de identidad estético.

martes, 19 de junio de 2012

playas



Fotos: Maximo Vitale, Zhang Xiao

La playa ofrece algo más que fotogenia: un recinto encubierto por la entropía a escala humana. Su capa arenosa limitada por el mar funciona como soporte de un espacio social complejo, un sistema pautado culturalmente. La playa tiene su mecánica, su psicogeografía, pero es ante su organización aparentemente caótica donde encuentra la forma más exhaustiva de su representación. La imaginamos bajo esos parámetros porque no somos capaces de vislumbrar, desde el propio medio, la parte que la hace operativa en un todo coherente. Dicho de otro modo: la playa es un micro-sistema, todo sistema requiere una organización, cualquier organización sólo puede existir bajo flujos funcionales, emocionales, económicos, culturales. La playa, indistintamente de su localización en el mapa reúne todos los requisitos.

Quizá por eso algunos fotógrafos se han sentido atraídos por tal sistema, en una búsqueda incesante de los elementos que lo conforman y representan. La playa es fotogénica precisamente por su capacidad para sintetizar el orden societario expuesto desde la relajación de las normas y la mezcolanza de los diferentes estratos sociales. No todo está a la vista, de manera que la fotografía ejerce su cualidad máxima en un intento por capturar la instantánea de su esencia, lo que aún no ha sido visualizado. Tres ejemplos pueden ayudarnos a desvelar algo de esa óptica. Maximo Vitale insiste en la panorámica frontal para captar el interludio existente entre la masa y el paisaje, demostrando así que el recinto arenoso forma parte del proceso de civilización, del medio urbanístico e industrial. Alex S. MacLean estudia la geometría, el color, el ordenamiento confrontado a la medida aleatoria, arbitraria, de los bañistas, para demostrar que desde cierta altura podemos registrar destalles de su estructura funcionalista. Zhang Xiao vuelca su objetivo en la parte vivencial, en las relaciones establecidas entre el sujeto y el medio, en la práctica social (individualizada, colectiva) que dota de sentido el entorno. En definitiva, un universo social que intenta mantener rasgos y signos de la naturaleza.

Foto: Alex S. MacLean

jueves, 7 de junio de 2012

marrakech (III)


Fotografía. Javier M. Reguera. Pinchar en la imagen para ampliarla

miércoles, 6 de junio de 2012

no me llames jackie




Si en el nombre está la incógnita, asegura el trazo. Esto es lo que parece explicar Tim Lane en sus ilustraciones. No porque debamos contemplarlo con la nevera cerrada sino porque su obra, publicada en una parte en periódicos y revistas de prestigio como New York Times, Rolling Stone Magazine, Wall Street Journal o The Village Voice, arremete contra la herencia. La herencia norteamericana, para ser exactos. Casi en la misma proporción en que sus historias breves, recogidas bajo el título de Abandoned cars, se abastecen del ambiente de una generación post-underground en lo gráfico y más meticulosa en lo narrativo.

Su ilustración, tanto así cuando se dispone a hacer el recetario en la viñeta, muestra su diversidad estilística a partir de los temas y formatos que esté tratantando. Pero al margen de sus influencias asimiladas a través de la historia del cómic, también está la pauta que le otorga a la literatura norteamericana: Jim Thompson, John Fante, Raymond Chandler, Dashiell Hammet, Raymond Carver o Dennis Johnson, entre otros tantos que se ubican en los márgenes de los estilos de vida convencionales y optan por vidas de carretera.

martes, 5 de junio de 2012

marrakech (II)




Fotografías. Javier M. Reguera. Pinchar en la imagen para ampliarla

pelicula - waldorf astoria



En la década de 1930, cuando se está construyendo el segundo Waldorf, el hotel se convierte en el tema favorito de Hollywood. En cierto sentido, esto libera al guionista de la obligación de inventarse una trama.

Un hotel es ya una trama: un universo cibernético con sus propias leyes, que genera unos enfrentamietos fortuitos entre seres humanos que nunca se habrían conocido en otro sitio. El hotel ofrece una fecunda sección transversal de la población, una interrelación ricamente tejida entre las castas sociales, un campo para la comedia de costumbres en conflicto y un fondo neutro de operaciones rutiarias para dar relieve dramático a todos los incidentes.

Con el Waldorf, el propio hotel se convierte en una película, en la que se presenta a los huéspedes como estrellas y al personal como un discreto coro de extras con frac. Al ocupar una habitación del hotel, el huésped compra su pase para un guión en continua expansión, adquiriendo así el derecho a usar todos los decorados y a aprovechar las oportunidades prefabricadas de interactuar con todas las demás estrellas. La película empieza en la puerta giratoria, símbolo de las ilimitadas sorpresas de la casualidad. Luego se provocan tramas secundarias en los oscuros recovecos de las plantas inferiores, que se consuman -tras un episodio en el ascensor- en las zonas altas del edificio. Sólo el territorio de la manzana enmarca todas las historias y les proporciona coherencia.

(Fragmento de Rem Koolhaas, Delirio de Nueva York, 1978)

lunes, 4 de junio de 2012

marrakech (I)






Fotografías. Javier M. Reguera. Pinchar en la imagen para ampliarla

 
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