lunes, 26 de febrero de 2007

el primer beso

El gran historiador Eric Hobsbawm determina el inicio de siglo XX con el transcurrir de la Iª Guerra Mundial. Yo, que soy más osado e indocumentado, lo colocaría con el primer beso de la historia del cine. Un brevísimo cortometraje titulado The May Irwin and John C. Rise Kiss, dirigido en 1986 por William Heise para la productora Edison Manufacturing Co.

Otros muchos besos del cine son más estimulantes que éste, pero si al terminar el XIX alguien ha decidido acercar la cámara al rostro, aislar las figuras del entorno y despojar al burgués de sus más preciados objetos externos en un plano con escasos propósitos de ostentación, es que algo ha cambiado. Es seguro que los grandes hechos políticos proporcionan una cronología y en sus acontecimientos se teje la trama de la historia. A veces los más minúsculos nos sirven para advertir las transformaciones en la mentalidad colectiva.

[…] Si me decido a interpretar la imagen no hago otra cosa que interpretarme a mí mismo, pues yo veía el referente, a parte de como un beso colocado con fragilidad en relación a la mano, como un continuo imaginario a través del cual era capaz de actualizar, poner en presente, mi experiencia de los besos. Las cualidades del tiempo, figuradas en la melancolía, sin duda involucran a la composición de la imagen, su textura, lo que parece admirarse en el grano (sombras, luces), en una rigurosa reconstrucción de un recuerdo. Y ello ha sucedido para mí desde un momento histórico que todavía considera el retrato una incripción global, sobria, de los cuerpos […] [Extracto de Abismarse. La fotografía, el fotograma, escrito por J. Reguera]

 
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