miércoles, 21 de febrero de 2007

francis bacon, el mobiliario del caos


La lectura de Walter Benjamin siempre instruye sobre aquellos vericuetos de la historia en que el sujeto se hace protagonista real de una contienda íntima con su contexto. Ayer lo releía (“El interior no es solo el universo, sino también el estuche del individuo particular. Habitar significa dejar huellas. En el interior, éstas se subrayan. Se inventan multitud de cubiertas, fundas, cajas y estuches en los que se imprimen las huellas de los objetos de uso más cotidiano. Las huellas del morador también se imprimen en el interior”, Paris, Capital del siglo XIX), y recordé mis años dublineses en que el afán por recorrer cada calle, sus pasajes y callejones, me hacían volver una y otra vez a un lugar al que nunca pude entrar, el cuarto donde el pintor Francis Bacon trabajó de 1961 hasta su muerte en 1992. El estudio original, ubicado en South Kensington, Londres, fue trasladado y reconstruido al milímetro en la Hugh Lane Gallery de Dublín por un equipo de arquéologos.

Su apertura al público se inició, si no recuerdo mal, a partir de 2001. Yo ya llevaba varios años viviendo en la ciudad, y poder inmiscuirme en ese pequeño universo de 30 metros cuadrados, un cuarto lleno de mercancías, revistas, fotografías, basuras, huellas, libros y toda una cantidad innumerable de objetos en los que Bacon había dejado su impronta, me hizo ver el mundo de otras maneras. Aunque la exhibición no permitía adentrarse entre sus cuatro paredes y había que contemplar todo aquel mobiliario a través de los escaparates que rodeaban la habitación, mis huellas de morador también se imprimieron en su interior. Al regresar a las calles, todo había cambiado.

 
Copyright © 2007-2016 . Asi se fundó Carnaby Street . Javier M. Reguera