domingo, 4 de marzo de 2007

james natchwey, cronista del siglo XX




Ya nadie podría prescindir de la imagen para hacerse una idea de sí mismo, de cómo nos miran. En una sociedad que cada vez con más frecuencia tiende a mirar hacia otro lado cuando se trata de describir las penurias ajenas, los lugares que nunca visitaremos, aquellos conflictos que no vivimos, se hace más necesaria la figura del cronista. Este toma su forma y esencia en la letra, en la imagen. El cronista rehuye el protagonismo porque sabe que la importancia de lo que retrata, del mundo, está muy por encima de sus propias vanidades.

Los grandes dominicales ya no se molestan en dar cabida a los cronistas. Reconvertidos en catálogos de publicidad, hace mucho que prescindieron de algunas realidades pensando que el lector ya no hace soportable el conocimiento de esas realidades porque tampoco se reconoce en ellas. La lejanía (física, psicológica) es el antídoto contra la realidad. Sin embargo, vive el cronista su itinerario moral con la intención de habilitar una descripción fidedigna de esos mundos. En las letras, Ryszard Kapuscinski, su incorruptible compromiso con la realidad africana, polaca, rusa: este detenta el privilegio de haber asistido a los grandes acontecimientos de la historia del siglo XX con la sorpresa de unos ojos expuestos a la curiosidad. En la imagen, James Nachtwey, la mirada vertida sobre la compasión hacia los otros.

Nachtwey se forja como fotógrafo de guerra a principios de los años 80, cuando el conflicto en Irlanda del Norte comienza a vivir una escalada de violencia generalizada y la Belfast católica y protestante recrudece sus posiciones político-armadas. Las fotografías de James Nachtwey ofrecen otra versión de la historia. Esos otros, que de alguna manera ya no contemplan los manuales y jamás aparecerán en los anaqueles de los hechos históricos, adquieren rostro a través del objetivo de su cámara. James Nachtwey, cronista del siglo XX, ha hecho de su vida la estimable tarea de recordarnos que cuando la voz de las víctimas es silenciada aparece la inmundicia, el saqueo moral del ser en su forma más salvaje.

 
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