domingo, 10 de junio de 2007

pintura, una iconografia de los 80


El Hortelano, Comida, 1983 | Ouka Lele, Madrid, 1984

Al repasar los años 80 suele pasarse por alto que su iconografía más duradera procede del mundo de la ilustración, la pintura y la fotografía. Es cierto que el movimiento juvenil de esos años se identificó mucho antes con la novedad de un nuevo underground musical que con las pinceladas curtidas en los lienzos. Si la música proporcionó una banda sonora al cambio social que ya se estaba produciendo desde los años de la transición a la democracia, la pintura y, más concretamente, su reconversión formal cercana a la ilustración y el comic, permitiría explorar las nuevas obsesiones iconográficas de una España no hace mucho censurada por el poder franquista. La movida madrileña supuso, sin caer en las deficiencias de cualquier teoría de las generaciones, un movimiento cultural ecléctico que supo trasladar al ámbito del arte la espontaneidad del cambio y sintonizarlo con la juventud.

El campo cultural de los 80 introducía nuevos elementos de manifestación que tendrían en la comunicación real entre las diferentes disciplinas artísticas uno de sus máximos impulsos de renovación. Este hecho tuvo un sentido hedonista, el cual viene explicado por una generación falta de pudor academicista. Podemos ver así al fotógrafo García Alix dirigiendo un cortometraje; Ceseepe, dibujante de comics y pintor, hace lo propio en otra cinta inspirada en La dama y el vagabundo y otras piezas grabadas en 16 m.m.; Almodóvar, a la vez que dirige sus primeras películas, es un cantante aclamado en Rockola formando dúo con McNamara; Los Costus realizan las primeras portadas de Alaska y los pegamoides; Eduardo Haro Ibars, además de su propia obra poética, escribe canciones para La orquesta Mondragón y completa la crónica musical y cultural de mediados de los 70 y los años 80 en diferentes publicaciones; Tino Casal es un cantante de éxito a la vez que un pintor de notable valía, y así un sucesivo número de artistas que van componiendo una de las tramas culturales más originales de las últimas décadas.


Guillermo Pérez Villalta

La pintura de la movida alimenta esa iconografía con medios tradicionalmente poco identificados con las generaciones jóvenes. Es posible que la exposición organizada en 1982 por Fernando Vijande, “Pistolas, cuchillos y cruces” de Andy Warhol, y su posterior llegada a Madrid en 1983, provocara un revulsivo pictórico en el que ya quedaba implicada esa generación. Pero años antes ya estaban ahí Los Costus, Guillermo Pérez Villalta, Ceesepe, Sigfrido Martín Bagué, El Hortelano, e incluso Ouka Lele con su fotografía pintada a acuarela. Todos ellos generan un mundo nuevo y propio, lleno de referencias culturales próximas a la música, el mundo-pop o las mitologías juveniles. La nueva figuración de esos años se expresa, al mismo tiempo que en el lienzo o las galerías, en revistas, fanzines y carteles, mientras que los personajes que recrean en sus obras bien pudieran convivir entre sí en un mismo lienzo, cambiarse de un sitio a otro, visitarse o perdurar como protagonistas en otros cuadros. La pintura de estos artistas, más allá de su ubicación de época, también ha generado una iconografía aún activa.

[En sucesivos posts dedicaremos mayor atención a cada uno de estos pintores]

 
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