lunes, 12 de marzo de 2007

zerópolis, las vegas



El filósofo francés Bruce Bégout acaba de publicar en castellano Zerópolis, un nuevo tratado de la insatisfacción urbana que sitúa su centro de atención en la ciudad de Las Vegas. Como ya hiciera Jean Baudrillard en su libro América, Bégout recoge la tradición de la espectacularidad social para indagar no unicamente en las fantasías generadas por la ciudad del juego, sino en sus reversos, en los montículos de podedumbre que va depositando en cada esquina, en las periferias, y toda la amalgama de historias proyectadas sobre el colorido del neón. Como si de un libro de viajes se tratara, el propio autor se hace sujeto de la historia para describirnos retazos de la cultura contemporánea con el rigor de una metáfora que ya no sería posible explicar con la nomenclatura de una tabla estadística. Es ahí donde Begout recurre a la palabra exacta, escueta, firme; esboza nuevas dimensiones de lo social y recurre a lo cotidiano para narrarnos cosas extra-ordinarias, un compendio de la ciudad vista con otros ojos.

Visitaremos Las vegas como visitamos el Louvre o la National gallery,con el mismo respeto exagerado a nuestros ancestros.Con la sola diferencia de que Las vegas será su propio museo a cielo abierto.Nos inclinaremos hacia las vitrinas que reunirán las reliquias centelleantes que la sociedad del espectáculo de finales del segundo milenio dejó tras de sí.Leeremos con interés las noticias murales que nos recordarán lo grandes que fueron Liberace y Jay Sarno.Todos los museos del mundo querrán desarrollar su propia colección de tubos de neón y de letreros luminosos,poseer su sección con el sello Las Vegas,prolífica en viejas máquinas tragaperras,en surtidores de estuco rosa caramelo,en puertas cocheras gigantes,como otros poseen ahora su sección copta o fenicia.Cada museo tendrá su departamento glitz y glamour con sus conservadores de aspecto serio y de presencia impecable.Al atrevesar a paso de carga las inmensas salas subterráneas de los casinos,al seguir hasta el final los múltiples espectáculos de luz y sonido,al echar un vistazo por doquier y sin tregua,a veces se tiene la impresión de que,tras la agitación incontrolable de Las Vegas,la momificación museística ha comenzado ya.
(B. Bégout,Zerópolis,Anagrama,Barcelona,2007,pág.75)

Sin embargo, Begout lleva aún más lejos su relato. Despieza el sueño utópico de la ciudad moderna, lo contrasta con los miles de seres anónimos que lo habitan y lo hace sucumbir en su propio detritus de metáforas visuales. El hombre no precisa de un decorado para su existencia, pero el medio social se hace identificable con los propios teatros que él mismo construye a su tamaño y semejanza. Esa es la gran contradicción de los tiempos modernos.

 
Copyright © 2007-2016 . Asi se fundó Carnaby Street . Javier M. Reguera