viernes, 13 de abril de 2007

mini mini minifalda (I)



Lo de la minifalda fue el anticipo a esa otra impostura de desprenderse del sujetador y dejar que el pecho adquiriera su forma natural. Con la minifalda, las piernas. Hoy parece imposible pensar que cinco centímetros menos de tela, dejando a la vista la rodilla, el muslo, supusiera ya no un avance (nunca se sabe si una revolución es evolución, pues en la historia también se han producido unas cuantas revoluciones reaccionarias maquilladas de avanzadilla sociopolítica), sino la confrontación con la normas de la moda al uso, la moral y las buenas costumbres. En España a las chicas de la minifalda se las vería poco y mal, y las progres de los 70 renegarían de ella por considerarla reaccionaria, fuera del tono de la lucha antifranquista aunque delante de los grises sólo corrieran tres y el resto estuvieran en el aula universitaria cuchicheando lo bien que iba estar España cuando Franco muriera. Franco, finalmente, murió en la cama, pero de la minifalda ya no se acordaba ni dios, ni la patria, ni los abanderados, ni la canción protesta, ni los representantes de los comités revolucionarios que dejaron que el franquismo muriera en la cama de un hospital y ahora ocupan los grandes sillones de los partidos, los periódicos, cualquier sillón, vaya. Así que en España casi que encontró su rechazo natural en los dos extremos; de la parte del nacional catolicismo mirando de reojo el paso alegre de la juventud, y en esa otra parte en que las progresías de la canción protesta parecían cumplir todos los deseos revolucionarios. Posiblemente, la minifalda haya hecho mucho más por la liberación de las convenciones sociales que los panegíricos del cantautor.



1966. Lo que en España no se sabía todavía es que la minifalda ya existía. Había sido inventada en Inglaterra por Mary Quant y en Francia por un vanguardista de la moda, André Courrèges. Tuvo que ser de nuevo la revista Triunfo la que abriera un poco los ojos a lo que estaba sucediendo en Europa, y en junio de ese mismo año publica un reportaje sobre la prenda donde se plantea su posible recepción entre la población española. En Francia e Inglaterra fue otra cosa, porque la minifalda supuso, además de la exteriorización de la nueva expresividad social femenina por medio de la vestimenta, un acto de reivindicación en toda regla: las mujeres también tenían piernas. Y las enseñaron.

Triunfo 04-06-1966: La minifalda
Triunfo 26-08-1967: La batalla de la falda

 
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