martes, 29 de mayo de 2007

el cinematografo, invento del siglo XX


Primer fascículo de La gran historia del cine escrito por Terenci Moix para el suplemento Blanco y Negro del periódico ABC, 1995

El cinematógrafo podría considerarse el gran invento del siglo XX. Si en un principio la cámara empezó a registrar tan sólo fragmentos de una realidad objetiva especialmente reconocible por el mundo burgués, muy pronto, con Melies, se convirtiría en una maquinaria de producción deseante en la cual la ficción, a través de una narrativa y una puesta en escena, es decir, el tiempo y el espacio, llegaría a imponerse como el máximo mediador entre la realidad y el deseo. Esa necesidad antropológica de proveerse de ficción, innata en el ser humano, empieza de nuevo a reconstruirse con el cine, alcanzando a un auditorio numeroso y orquestando sus esquemas narrativos de manera homogénea. No es que el cine haya inventado un tipo especial de ficción. Antes de su nacimiento, ya estaba la novela y el teatro, el trovador, la oratoria o todas las formas de contar el mito. El cine incorpora al relato escrito y oral una maquinaria especular, la producción de deseo a un nivel nunca logrado anteriormente, y, con mayor insistencia, su expresión mediante una nueva mitología que, con el signo de los tiempos, es consumida como en la antiguedad era verbalizada en la lírica.

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