viernes, 1 de junio de 2007

intelectuales y facismo: el proceso de mitificación de jose antonio primo de rivera

Es difícil hoy hacerse una idea relativamente ponderada de la dimensión que fue adquiriendo la figura de José Antonio Primo de Rivera desde su aparición en el campo político e intelectual de la II República hasta su posterior mitificación, llevada a cabo a partir de su muerte, en 1936, y extendida por el régimen franquista como recurso adscrito a la construcción de un nuevo Estado y una sociedad recargada de valores morales inéditos. Si bien parece cierto que el personaje histórico quedó diluido en el mito, no lo es menos que el proceso de mitificación al que fue sometido contribuyó de alguna manera a dotar al régimen de cierta coartada ideológica.

El mito se interpuso entre la posibilidad de un acercamiento biográfico desde la perspectiva de la historiografía y un análisis fidedigno y contrastado de su pensamiento político. Muchas serían las incógnitas propias de esa interposición, y, por tanto, aquellas que se refieren a su función política, social e institucional. Gran parte de los estudios historiográficos que abordan la historia de Falange Española y la figura de su fundador limitan el análisis del mito joseantoniano a escasas líneas, señalando muy superficialmente los parámetros de tal mitificación y relegando su importancia a un segundo plano casi inexplorado. Sin embargo, también se hace necesario escribir esa historia, es decir, una reconstrucción objetiva del mito que incidiría, a la vez, sobre la historia de Falange Española de las JONS, del fascismo en su versión hispánica y del régimen de Franco.

El examen de las claves inherentes al proceso por el cual una figura como la de Primo de Rivera, de cierta inconsistencia en relación al contexto sociopolítico de la II República, pudo alcanzar después de su muerte tan extraordinario relieve personal y una magnificación política de tales proporciones en el ámbito intelectual, debe empezar por considerar toda una serie de circunstancias coyunturales que desembocaron en la realización de las cualidades carismáticas del personaje. El estudio del mito de José Antonio Primo de Rivera está asociado, en primer término, a la propia definición del movimiento falangista, es decir, a la agrupación política fundada por él mismo el 29 de octubre de 1933, en el Teatro de la Comedia.

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Los orígenes del proceso de mitificación los encontramos en el discurso que el primer fascismo español, en sus diversas vertientes, especialmente la sintetizada en la propia doctrina falangista, irá conformando a lo largo del periodo republicano, quizá de un modo marginal respecto a su escasa capacidad para instalarse en el campo político de la época (más aún en el campo del poder) y a su debilidad económica y coyuntural para ejercitar algún tipo de influencia en el espacio social, pero de gran repercusión sobre la formación interna de sus miembros. Aunque gran parte de los elementos constructivos del mito funcionan, en el periodo anterior a la guerra civil, de 1933 a 1936, como exponentes ideológicos y organizativos orientados a instituir la base operativa de Falange Española, así como sus metas y objetivos, es después de la muerte de su fundador cuando tales elementos adquieren una dimensión estructurante en la configuración del mito. Paradójicamente, ese proceso se hace patente e intensifica a partir de su muerte. Este hecho responde, por un lado, a una extensión de lo irracional inserto en el discurso del fascismo español, y, por otro, a la construcción poetizada del personaje desde el campo intelectual y literario, indisociable de una retórica maximalista y ajena a cualquier tipo de forma discursiva analítica. La constitución pública del mito de José Antonio puede conceptualizarse como un líder carismático de ámbito restringido en oposición al mito de masas propio de otros fascismos europeos.

Tanto en el periodo republicano, todavía en vida Primo de Rivera, como en el periodo que corresponde a su mitificación postmorte, el ejercicio del mito queda limitado al espacio sociopolítico del falangismo, sin un valor plenamente carismático para las masas, o un valor de identificación popular en cualquier ámbito de la vida pública y privada. Con ello también se pretende diferenciarlo de otros líderes carismáticos del fascismo que, tanto en su soporte ideológico como en sus características mitológicas, se rigen por cualidades y singularidades diferentes. Así, por ejemplo, el mito del Duce representado en Mussolini y el carisma exacerbado de Hitler, pues ambos hallan su justificación última en un fenómeno de masas, incluso carismático, del que adolecía el mito joseantoniano.

Si bien puede afirmarse que el mito se acomoda y encuentra su espacio en el propio aparato de Estado del régimen franquista, ello no significa que tuviera una función activa más allá del espacio institucional al que se le circunscribe. Ya se ha advertido que su aureola carismática no es producto de su posición ante un fenómeno de masas. En todo caso, alcanza un relieve social de importancia en lo que hemos llamado ámbitos restringidos próximos o adherentes al régimen, tales como la Sección Femenina, el Frente de Juventudes, etc. Desde esta perspectiva, no puede ser considerado un mito de carácter popular ni masivo, ni siquiera dispuesto a encauzar a las masas de modo indiscriminado. Más bien ha de entenderse como un mito intelectualizado por intelectuales situados, en la mayoría de los casos, en una posición política privilegiada, y que actuaría en beneficio del régimen en tanto que la doctrina joseantoniana fue susceptible de ser reinterpretada según las circunstancias ideológicas del propio régimen, o, al menos, ser utilizada como una posible fuente de legitimación ideológica.

[Extracto de un estudio historiográfico de Javier Reguera, El proceso de mitificación de José Antonio Primo de Rivera 1933-1941]

[Lo incluyo en este blog porque, como hemos venido haciendo en algunos posts referidos a fenómenos de mitificación contemporánea, el proceso por el cual el mito de José Antonio llegó a cuajar responde a otros factores de gran interés en un estudio general del mito en el siglo XX]

 
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