jueves, 26 de julio de 2007

madriz


Madriz nº 2, 1984 | nº 6, 1984

La movida madrileña tuvo un alto componente gráfico que alcanzaría su máximo exponente renovador entre 1983 y 1985. Una parte esencial de esa renovación tuvo su gestación en la actividad editorial barcelonesa que, desde principios de los años 70, había ido abriendo canales alternativos como compensación a la escasez de espacios crítico-culturales. El comic underground representado por La Piraña divina, El Rrollo enmascarado o la revista Star daría paso a la profesionalización del comic propuesta por publicaciones como El Víbora, Cairo y Bésame mucho, todas ellas igualmente instaladas en Barcelona.

La aparición de la revista Madriz, subvencionada por el ayuntamiento de Madrid, ha de enmarcarse precisamente en la necesidad de crear una infraestructura editorial idónea a la nueva expresividad que, a partir del modelo barcelonés, empezaba a aparecer en Madrid, una renovación estilística y argumental que ya no encajaba con la línea editorial de esas publicaciones. Madriz cumple un papel distributivo de esa renovación y una alternativa institucional que, entre enero de 1984 y diciembre de 1986, ofrecería una plataforma a dibujantes carentes de medios para publicitar su obra y a otros tantos creadores ya reconocidos en el ámbito del comic. Treinta números en que se mezclan nombres y estilos muy diversos con un denominador común: un cambio de sensibilidad que desembocaría en la experimentación, la heterodoxia en las formas narrativas y estéticas y la identificación con el propio contexto afín a la movida madrileña. Este hecho, debido a las características propias del proyecto y a las propuestas de los autores que se irían sumando en cada número, incorporó un nuevo tipo de lector, más identificado con otras manifestaciones plásticas. No de otro modo, muchos de los dibujantes que publicaron en Madriz, como Luis Perez Ortiz [LPO], Víctor aparicio, Fernando Vicente, Javier de Juan [diseñador de la revista], Victoria Martos, OPS, Federico del Barrio, Ana Juan, etc., se dedicaban a otras áreas de las artes plásticas.

Pero Madriz cumplió otra función primordial. El reconocimiento del contexto cultural de la movida madrileña se vio reforzado a partir del apoyo institucional a la revista aunque éste ya fuera patente desde sus inicios. La novedad es una ampliación de los nexos culturales entre las diversas disciplinas del arte y su objetivación en los medios institucionales.

 
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