miércoles, 22 de agosto de 2007

canciones eternas, revoluciones frustradas (nino ferrer)

Como desde hace algunos días no se me ocurre nada que añadir (y además estoy en la playa), me sumo a esa extraña manía de copiar y pegar tan común entre bloggers de todo el planeta, sólo que en esta ocasión prefiero copiarme a mí mismo y recuperar un post de hace unos meses, colocarle un título nuevo, otra fotografía que lo encabece, y seguir zambulléndome en el mar Mediterráneo.
Posdata > Por supuesto, esto no es una crítica a quien hace uso del noble arte del copiar y pegar. De hecho, he copiado literalmente mi post para que no hayan suspicacias.


En 1968, todo hacía pensar que las revoluciones concluirían con un No. La negación iba a ser el gran slogan colgado en los muros, todas esas frases publicitando el ideal generacional de la juventud y el rechazo declarado a los poderes fácticos. No sé si existió realmente una revolución del 68; lo que sí hubo fue un estornudo que despertó a la población francesa y norteamericana del adormecimiento. En EE.UU. fue otra cosa. Quizá una cuestión cronológica, aunque lo cierto es que el movimiento por los derechos civiles ya había iniciado su confrontación contra la intolerancia a principios de los 60, mientras que el movimiento hyppie, algo después, llegaría a empapar la atmósfera con nuevos elementos ideológicos..., paz, flower power y LSD. La guerra de Vietman en EE.UU y el derechismo de De Gaulle en Francia. Tras el letargo siempre llega el estornudo. Pero los cantantes ya estaban ahí.

Nino Ferrer haría su revolución individual con sus canciones, canciones de humor y disidencia, de amor e ironía contra el stablishment y la poltrona. Cuando empezaron a editarse esos discos todavía no había llegado el mayo francés. Dutronc y Ferrer lo iniciaron a su modo mucho antes, al igual que algunos intelectuales, Michel Foucault, Levy-Strauss, Jean Paul Sartre, Roland Barthes o Louis Althusser, sólo que éstos ya estaban en su pedestal y a las canciones había que ponerles una sonrisa en la letra para que no sonaran como un acontecimiento teórico para parroquias universitarias. Lo que hizo perder ese mayo del 68 fue que toda revolución termina por convertirse al dogmatismo. Con las canciones es distinto: las buenas siempre permanecen, como si el tiempo no hubiera pasado por ellas. Y Nino Ferrer, como otros, tiene algo de intemporal. Algo revolucionario.

Vía | Este post pertenece al especial monográfico Música ye-ye.

 
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