sábado, 4 de agosto de 2007

ceesepe o el dificil arte de mentir


[Ceesepe, Clase de baile en la plaza de kolsosmoskaya, 1982]

La autenticidad es una cualidad para la que Ceesepe, pintor al que se le tendrá que reconocer su incalculable aportación a la iconografía de una época, ha sido llamado desde aquellos lugares expuestos a la mayor de las mentiras, una escenografía con narraciones imposibles y situaciones para el baile, la noche o la narración llevada al límite de un drama, pero que en su pintura desvelan una verdad: las mil maneras de un personaje que ha concluido llegar hasta el final. En Ceesepe todo es narración, pero un tipo de narración capaz de alternar realidad y deseo, azar e infortunio, sospechas y certezas incomprensibles para el otro, todos los excesos que nos llevan a mirarnos ante el espejo como si un segundo después fuera a cambiar el mundo. Esa narrativa, heredera de sus comics e ilustraciones publicadas en la revista Star o El Víbora en 1976, 1977, incluso en otros momentos de 1980 en que todavía lo vemos recrear escenarios llenos de violencia y sadismo con su serie Slober, alcanza en sus cuadros de los años 80 otro matices. No se trata sólo de que su lenguaje formal haya conectado con el estilo de una generación en pleno cambio, sino que la vivencia ya posee en el lienzo el estigma de la cordura en estado puro. Sus personajes, al límite de esa vivencia, deciden adoptar un gesto dramático, intuido en el baile, en los gestos. Esa sensación de plenitud o desidia a veces nos muestra que ya sólo actúan por motivaciones ocultas.

Así, Ceesepe va orquestando el mundo a su antojo. Por eso el baile, en sus cuadros de 1982 a 1984, suponen un tema preferente que nos hace vislumbrar que nada es lo que parece: es la expresión de un instante en construcción, donde el drama y el hedonismo, la navaja y la rosa, bien pudieran confundirse entre dos sombras, escamotear a la noche un beso furtivo o deslizarse para no volver. La realidad ya supone una distorsión que nos avisa de cierto extravío en las figuras. Algunas de sus influencias pictóricas más próximas, Picasso, Chagall, futurismos y vanguardias que hicieron del autómata el único soporte reconocible de las utopías industriales, explican que a lo que Ceesepe le ha interesado no es precisamente la descripción de un entorno, sino su reinterpretación vivida desde el drama. Sin embargo, drama no ha de ostentar en su obra un sentido trágico. Más bien, supone la inclinación de sus personajes a una interrelación en el límite de lo social. Aplicado a la perspectiva oblicua de muchas de sus composiciones, el rechazo de la vida cotidiana se formaliza en aquellos espacios en que el ocio y el placer construyen una experiencia total. La noche y los bares, el baile como método indagatorio de la identidad personal y colectiva, el amor loco y el encuentro fortuito, la violencia y el sexo, todo ello compone la escenografía moral y cultural del universo del pintor, al menos en aquellos cuadros de 1980 a 1984 en que la figura humana encuentran su acomodo natural en la representación de las posibles identidades juveniles. Vista hoy, su obra característica de tal periodo, adquiere más importancia al suponer el esclarecimiento de un ambiente. Lo mismo podría decirse de las primeras películas de Pedro Almodóvar o las escenas nocturnas en los cuadros de El Hortelano. Es el mundo circundante experimentado en primera persona y devuelto al lienzo, a la ficción, pero lo que tales artistas han colocado en el primer plano es precisamente lo que ya no podría ser explicado si no es al contemplar la obra misma, el espíritu de una época corrompida por el tiempo.

 
Copyright © 2007-2016 . Asi se fundó Carnaby Street . Javier M. Reguera