viernes, 14 de septiembre de 2007

ciao manhattan! (pequeña galeria sedgwick)

Todas las ciudades requieren de mitologías, mitomanías y fetiches para formalizar una identidad posible. Todo aquello que las hace volubles y consistentes. Nueva York y su cinefila cimentada como un fenómeno urbano. Pero a este lado lo cinematográfico ha de significar que la metrópolis podría encontrar su modelo más apropiado en la pantalla. Realidad y ficción, casi como si debiera caminarse por la Gran Manzana con el ticket ya cortado. La Factoria Warhol, con todas sus starlettes manufacturadas en películas insufribles [las salas de arte y ensayo les dieron cierta solemnidad vanguardista] fue sobre todo una industria de mitologías y fetichismo pseudo-contracultural, la aplicación de la seriegrafía de las sopas Campbell a la creación de estrellas. Eddie Sedgwick, que ya de por sí poseía la aureola de los mitos, tuvo el infortunio de caer en las manos de uno de los personajes más egocéntricos de la historia del arte del siglo XX, Andy Warhol, pero habrá de reconocerse que sin él no hubiera alcanzado su status mitológico. La ciudad los crea y ella misma los devora. La ciudad moderna esconde los cadáveres de los maleantes y hace relucir sobre su cielo los devaneos de algunos dioses.

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