jueves, 10 de diciembre de 2009

retrofuturismo en la obra de daniel torres


Opium, publicado en la revista Cairo, 1982

Recuperamos este post editado el 23/09/07 y lo incorporamos al monográfico sobre retrofuturismo para cerciorar que el fénomeno tuvo también un recorrido inverso, es decir, la mirada del arte de los años 80 y 90 (comic, música, diseño, etc) al pasado reciente, con el influjo del retrofuturismo originario de los 50 y 60. Lo dejamos tal cual, pues en este caso quería incidir más en las imágenes que en el texto.

La obra del dibujante Daniel Torres, iniciado en la novela gráfica a principios de los 80 a través de la revista Cairo, posee una envergadura visual amplia, de referencias que retoman desde el cine clásico norteamericano a las ilustraciones publicitarias de los años 40 y 50. En ese espacio estético, dominado por un eclecticismo que hace revisión de variados aspectos de la iconografía popular y la cultura de masas, puede detectarse su preferencia por adoptar algunos elementos del llamado retrofuturismo de los años 50 y 60, esa manera de representar el futuro que empapó la sociedad de consumo en un momento en que la carrera espacial había iniciado su trayectoria ascendente hacia el alunizaje, la conquista del espacio exterior como la última utopía realizable del siglo XX.

Esa tendencia se desarrolló no sólo en aquellas materias expresamente tecnológicas y electrónicas, sino que se diversificó en el propio sistema social. Evidentemente, el futuro dependía del progreso científico y tecnológico, pero el retrofuturismo, la capacidad de visionar ese futuro hipotético desde el presente, se extendería a todas las facetas de la vida cotidiana, desde la arquitectura al diseño de interiores, muebles, automóviles, o la recreación de un mundo idealizado por una nueva visión de los objetos de uso común. Daniel Torres lo utiliza dentro de un sincretismo estético que conjuga tanto aquella modalidad del retrofuturismo que se aplicó a la arquitectura popular norteamericana, el googie, como a una visualidad de la ciencia-ficción acomodada a la propia materia iconográfica de aquellos años. Así vemos, en una misma viñeta, cómo el entorno urbano futurista recoge estéticas bien diferentes, aparentemente incompatibles. El googie remarca esa mezcolanza, pero tal eclecticismo se vierte en el vestuario, los peinados, los vestidos y la belleza cinematográfica de sus heroínas [semajente en ocasiones a cierta tipología pin-up), los automóviles con claras reminiscencias al Cadillac, al Buick o al Chevrolet de los años 40, los letreros luminosos (pura esencia googie), los edificios, los interiores amueblados y un variado repertorio de materiales que Torres coloca de acuerdo al hilo argumental del relato. Cada viñeta es el soporte de un universo estético que busca su propia coherencia visual.


Opium, publicado en la revista Cairo, 1982


Triton, publicado en la revista Cairo, 1983



El misterio de Susurro, publicado en la revista Cairo, 1984


Sabotage, publicado en la revista Cairo, 1984


Saxxon, publicado en la revista Cairo, 1985


La estrella lejana, publicado en la revista Cairo, 1986

 
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