miércoles, 13 de octubre de 2010

el mito de la mujer perfecta y la sombra de los mass media


[Portadas de Manuales sobre la educación física y social de la mujer, escritos por Joe Bonomo a mediados de los años 50]

Si en otras décadas la presión mediática sobre la mujer se había ceñido al papel que debía asumir como receptora universal de la belleza y guardiana de la estabilidad emocional y familiar en el interior de la vida doméstica, desde el último decenio del siglo XX esa presión se perfila bajo otras funciones. No hablamos de la liberación femenina o las emancipaciones socio-laborales que habían empezado a gestarse en los años 60, sino de todo un aparato ideológico sustentado bajo un modelo de perfección por el que la mujer sería capaz de abarcar todos aquellos roles que la especulación mediática vuelca sobre ella. En el fondo de ese discurso, antes y ahora, está la ideología de la perfección. En otros años, expuesta de manera preferente en el núcleo familiar. Hoy, desperdigada en la amplio espectro de la vida social. La Superwoman se formaliza como un discurso mediático (prensa, publicidad, cine, etc) que ha imprimido nuevos valores sobre lo que ha de significar esa perfección en la mujer.

Se trata de la sobredimensión y sobreexplotación de las características que se fueron incoporando al discurso del feminismo radical desde finales de los 60 y que ya a partir de los años 90, ante la incorporación de la mujer al mundo laboral, son reinterpretados como un mensaje icónico desde los medios de comunicación. No de otro modo, el auge de la cirugía plástica y enfermedades como la anorexia y la bulimia es paralelo a la aceptación indiscriminada de esos nuevos modelos de perfección.

El mito de la mujer perfecta tiene su proyección social, pero también psicológica. Esclavizada por el propio ideal que reflejan los mass media, quizá la próxima liberación femenina consista en desprenderse definitivamente de ese discurso. Sin embargo, otras sociedades más avanzadas (las escandinavas especialmente) ya han comenzado a rechazar esa tipología, pues lo que hay por debajo de ella es la tiranía de una falacia.

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