lunes, 22 de noviembre de 2010

grease, parodia y adolescencia




Es más que probable que la película Grease (1978) nunca llegue a incluirse en una lista de las cien mejores películas de la historia del cine. Sin embargo, su éxito multitudinario, su aporte cercano a las películas de culto y la suma de nuevos espectadores en cada reposición la sitúan a otro nivel, trascendiendo la posibilidad de ponderarla ante un análisis cualitativo ortodoxo. Esto no significa que no pueda analizarse, sino que sus cualidades fílmicas no importan tanto como el modo en que todo su armazón narrativo ha llegado a calar en la conciencia colectiva del espectador.

Cualquier película de culto, con independencia del género al que pertenezca, está sometida a un filtro con el que la crítica cinematográfica no suele enfrentarse. Ya no se trata de su nivel técnico o estético, de una fotografía imponente o la representación de los actores, ni siquiera de las filigranas para hacer verosímil el argumento. Esta clase de películas pertenecen a una categoría especial. La sublimación de su calidad por encima del valor estético, que según los cánones de la crítica se le pueda otorgar, responde a otros parámetros. El cine de terror o ciencia-ficción está repleto de ejemplos, películas que aún perteneciendo a la serie B han alcanzado un status en la historia del cine difícil de alcanzar por otras películas a las que se les supone una mayor envergadura cinematográfica. Grease, siendo un musical que en principio bien pudiera haber pasado inadvertido, se convirtió en todo un fenómeno que todavía persiste en ese valor sublimado y que los espectadores reconocen después de pasados casi 30 años desde su estreno.

¿Qué es lo que hace a Grease una película especial? Tres elementos la sostienen: el tema de la adolescencia, la perfecta integración de la banda sonora en la trama del film y el tono paródico respecto a los modelos adolescentes de los años 50. Hay que tener en cuenta que a finales de los 70, momento en que se estrena la película, se está viviendo un revival generalizado de las estéticas del rock & roll a través de la recuperación del rockabilly. La película podría observarse desde ese revival, pero sus condicionamientos como película de culto renovada van más allá. Veamos algunos ejemplos.


La película comienza en un tono romántico. La idealización del amor veraniego, donde el contexto de origen de cada uno de los amantes no influye en la iniciativa amatoria. Se trata de dos personajes opuestos socialmente que encuentran un punto de encuentro desvinculándose de su entono cotidiano. La playa es un decorado neutro, el verano propicia la igualización social a través del amor.


Los títulos de crédito ya nos advierten del tono paródico de la película. En tales créditos aparecen caricaturizados los protagonistas y personajes secundarios. Ese perfil paródico será desarrollado a lo largo de la narración.


El primer signo paródico se halla en la representación de la adolescencia. Los personajes, teenagers de último curso en el High School, reflejan una edad mucho mayor a la propiamente adolescente. La pertenencia de los personajes a bandas juveniles los estigmatiza bajo un modelo de comportamiento distinto al propio de los adolescentes de clase media, pero ese modelo está igualmente sobredimensionado.


El primer número musical describe la distancia entre los mundos sociales de Sandy y Danny. En tal escena cada uno de ellos, en paralelo, describe a sus compañeros la vivencia de ese amor veraniego. Mientras Sandy idealiza esa experiencia, Danny, debido a su sentido gregario en la adscripción a un grupo adolescente concreto, la determina bajo la visión colectiva de su amigos, donde el amor es reducido a sexo y la relación amorosa interpretada como un signo de debilidad. Eso es lo que más tarde, en el primer reencuentro, le hará rechazar a Sandy sometiéndose a la conducta general del grupo y sus normas de socialización.


La reunión de chicas en la habitación centra aún más el sentido paródico de la película. Las Lady Birds actúan bajo el mismo efecto sobredimensionado que los chicos. En ciertos momentos se acercan a una coducta caricaturizada del modelo adolescente. Sandy, por su parte, aún procediendo de un mundo social de status elevado donde las formas son cuidadas hasta el mínimo detalle, es la única de ellas que no actúa bajo la representación de la parodia. Será Rizzo la que realice su caricatura al imitarla en un número musical. La ironización de los modelos es evidente. El personaje de Rizzo, siendo un reflejo paródico, lleva a cabo la parodia de la niña-pija, Sandy.

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Todo ello se halla en sintonía a una sátira más general, la que corresponde al modelo cultural del High School y su variado conjunto de rituales sociales. Practicamente todas las escenas de la película reflejan un momento de esa ritualización: la celebración del curso ante la hoguera, la presentación del equipo de futbol, el deporte como símbolo de ascensión social y recurso de la popularización, el autocine como espacio juvenil, el sentido gregario del grupo social, la expresión de la masculinidad adolescente, etc. Por otro lado, supone también una parodia relativa de las películas de los años 50 de temática adolescente. Rebelde sin causa sería el ejemplo más emblemático, pero otras muchas películas que tomaron como referencia exclusiva el concepto de beatnik dramatizaron con la adolescencia, la delincuencia y las bandas urbanas. El baile de fin de curso agiliza el conflicto y la liberalización de la conducta respecto al modelo de los adultos, mientras que la carrera de coches al final de la película muestra ese pretendido lado de marginalidad que los personajes masculinos parecen ostentar como un bien social.


Tras la primera reconciliación, Danny parece ocultarse de su grupo de adscripción e intenta separar/distanciar su relación con Sandy de su universo social habitual, quizás en un acto inconsciente que le separaría al mismo tiempo del gregarismo y las normas que lo identifican con el grupo.


En la escena del autocine, tras una nueva ruptura, Danny interpreta una canción romántica que expresa sus sentimientos. Sin embargo, el romanticismo contrasta con la escena de dibujos animados mostrada en la pantalla del autocine, un reflejo de su apetito sexual, el cual rivaliza con el sentido del amor romántico y la posición entre el mundo social de Danny y Sandy.


Antes de empezar la carrera en el canal, Kenickie le pide a Danny que sea su padrino. Al verse desbordados por la emoción y la celebración de la amistad, ambos reaccionan con un acto casi-reflejo: peinándose. Su código grupal les impide somenterse al sentimiento, y menos aún mostrarlo en público. Los gestos se acercan igualmente a la parodia.



Al final de la película se produce un contrasentido. Danny consigue la letra de la chaqueta mediante el deporte, a la vez que su aspecto se refina hasta el punto de mimetizarse con el universo social de Sandy. Sandy, por su parte, realiza el mismo recorrido en sentido inverso. Su vestimenta y modos se mimetizan con el mundo de Danny, sexualizándose, incluso adquiriendo un tono exagerado, paródico, del que carecía el personaje a lo largo de la película.

 
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