jueves, 4 de octubre de 2007

ocaña, retrato y pluma en la transición española


La Pluma es en España el estilo del nuevo aparato narrativo que de
forma espectacularmente visible y escandalosa va a asumir en la
posdictadura las marcas y las huellas de una muy fálica y represiva
historia local que queda aparentemente abandonada junto al cadáver
de Franco.

Desordenados, desmadrados y escandalosamente ruidosos,
homosexuales,
drogadictos, prostitutas, desposeídos, locos y marginales
forman la
Pluma de la transición. Ellos son el nuevo cuerpo aparecido
en la posdictadura franquista, aquel que
va a desplazar y dislocar de
forma violentamente espectacular las
tradicionales narrativas al uso
hasta aquel momento, como por ejemplo en
aquellos fabulosos happenings
o procesiones puestas en marcha en las
Ramblas de Barcelona por el
pintor-travesti José Angel Ocaña.


[Teresa M. Vilarós, fragmento del libro El mono del desencanto, 1998]

Hace tiempo que iba detrás de este documental, Ocaña, retrato intermitente [Ventura Pons, 1978], uno de los documentos visuales más conmovedores que se han hecho sobre la Transición Democrática española, a través de la figura del pintor andaluz Ocaña. La Pluma, como queda reflejado en este film, destapa una nueva forma narrativa sobre el cuerpo social de los años 70 en el que confluyen nuevas y viejas formas de conducta social, cultural y religiosa. La calle invadida por manifestaciones socioculturales que habían sido represaliadas y oscurecidas durante el franquismo.

Otras narraciones de la Pluma tomarán asiento en la obra del dibujante Nazario y su emblemático personaje Anarcoma; se harán visibles tambien en las ficciones de Pedro Almodóvar para la revista La Luna de Madrid con su alter-ego Patti Diphusa, en sus primeras películas y en los números musicales representados en la sala Rockola junto a Fabio de Miguel McNamara, donde la visión de esa nueva narrativa plumífera será teatralizada bajo las deformaciones estéticas de la parodia y el sarcasmo estético-musical; y podrá contemplarse en los Costus, pintores que ya en los años 80 realizan una reconstrucción de la historia inmediata de España bajo el esteticismo del kitch y la Pluma-camp. José Angel Ocaña, pintor travestido, marginalizado, que encuentra su propio espacio de representación cultural precisamente en las Ramblas barcelonesas, es otro de los paradigmas fundamentales de las narrativas de la Pluma, una celebración de la identidad social e individual expuesta en el espacio público. Sin embargo, el travestismo de Ocaña es sólo aparente. Se aproxima más a la performance o al happenning que a la vivencia exacta del travesti. Nazario, su amigo y acompañante en muchos de sus paseos por las Ramblas, lo explica en el texto En compañía de Ocaña:

Ocaña acudía travestido a buscarme a la Plaza de San José Oriol y salíamos a pasear por las Ramblas y a reirnos un rato. No se cansaba de repetir que para él travestirse era una forma de hacer teatro, y que su escenario eran las Ramblas. El tenía un chiste o broma para cada paseante. Todos reían, él cantaba alguna canción, y al cabo de un rato, un corro de cuarenta o cincuenta personas seguían nuestros pasos.

Ocaña revive en el documental su biografía, y la hace extrapolable a la educación politíco cultural de toda una generación. Más allá de los libros, de los archivos oficiales y los cientos de investigaciones que existen sobre la Transición, hay detalles que sólo pueden detectarse en los testimonios vivos de sus protagonistas, en los productos de la cultura o entre los residuos de aquellos acontecimientos que han quedado sepultados bajo la significancia histórica de los hechos políticos. Esos detalles también se escribieron sobre el cuerpo y las actitudes. La atmósfera de un cambio que ya era inminente y en el que participaron seres anónimos, personajes estrafalarios llenos de lucidez, está en el pintor José Angel Ocaña y sus ansias de romper con el pasado por medio de la exaltación de su identidad personal.

 
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