jueves, 22 de noviembre de 2007

iluminaciones de la contracultura


Incluso el movimiento Beat. Si la contracultura de los 60s y 70s arranca del siglo XIX los modales literarios de algunas personalidades que habían construido sus obras en los márgenes de los cenáculos culturales de la burguesía, la impostura literaria se instala en el siglo XX bajo el programa vanguardista y se transforma en género másivo, consumible, una vez que el movimiento Beat ya ha realizado su viaje iniciático, en los bares, en la carretera. Es el momento en que literatura y vida sólo serían entendibles bajo la forma de una experiencia de los límites. Quizás Jim Morrison no hubiera existido sin la lucidez adolescente de Arthur Rimbaud, pero ese libro generacional escrito por Allen Ginsberg, Howl, también podría interpretarse como el impacto de una sociedad esclerotizada ante sus propias paranoias culturales y una forma de conectar, literariamente, con la modernidad de Una temporada en el infierno, poema escrito por Rimbaud cuando la máxima Yo es otro, leída en varios textos y cartas del escritor francés, avanza la revolución del sujeto moderno y su disparidad ante el mundo de la vida.

Una vez más: Howl podría leerse como una versión extendida de algunos fragmentos de la obra de Rimbaud, como aquel en el que expresa que La acrópolis oficial colma los más colosales conceptos de la barbarie moderna, fragmento incluido en el poema Ciudades [Iluminaciones]. Esa misma manera de desentenderse de las buenas costumbres de la época que había precipitado a Rimbaud a silenciarse a edad temprana e iniciar un viaje sin retorno a otros lugares del mapa, renegando así de los habitáculos institucionales de la cultura europea, es lo que llevaría a algunos miembros de la primera generación del movimiento Beat a amoldar sus costumbres a la intemperie de una carretera. Jack Kerouac lo escribirá en su libro On the Road, mientras que esa herencia será recogida a finales de los 60 en la película Easy Ryder.



Al hilo de todo esto, leo en Ads of the World que The Beat Museum ha relanzado su publicidad con posters y otros materiales. En este punto sólo me cabe transcribir lo que ya se ha dicho:

Founded by Jerry Cimino in Monterey, California, the Beat Museum recently relocated to San Francisco's North Beach area — the same neighborhood the beatniks frequented during the 1950s.Grey SF's awareness effort kicked off with a series of posters, ads, and bus shelters throughout San Francisco. A Website and other marketing materials are currently in the works. The advertising campaign takes on the free-spirited attitude of the generation and aims to educate the masses on the continuing importance of the Beat Movement.

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