sábado, 12 de enero de 2008

bifurcaciones, salidas, encuentros


Fotografías de Ray Stevenson: Wayne County 1977 | Debbie, Siouxsie, Philip Salon y Malcolm McLaren | Siouxsie Sioux 1976 | Johnny Rotten 1976 | Adam Ant y Siouxsie Sioux 1977 | Blondie 1979 | Patti Smith 1977

Reconozco que lo que menos me interesa del punk es su música, a excepción de algunos grupos que han quedado como el grumo del clasicismo antes de que el movimiento se fuera por las ramas del desquicio, la penitencia y las moradas del ocultismo. The Slits, The Raincoats, X Ray Spex, Buzzcocks, The Clash, Black Flag, Bullets, Siouxsie and the Banshees, The Damned, The Vibrators, The Rezillos y algunos otros que no llegaron a sobrepasar la década de los 70, confirman la originalidad del estilo más allá de los acordes repetitivos que fueron imponiéndose como reconocimiento. Ya a principios de los 80, el hardcore, el Trash Metal, el Deathcore, la mezcla del Oi! con los Skinhead y las infiltraciones ideológicas de la extrema derecha y el National Front terminaron de aniquilar la idea original para derivar en ramas del rock que tenían más que ver con otras historias que con la línea clásica del rock enérgico que había establecido un hilo conductor con The Stooges, MC5, New York Dolls, Patti Smith, The Modern Lovers, Ramones, Blondie, Talking Heads y el escenario musical de la ciudad de Nueva York. Pero no nos llevamos a engaño si situamos otras fuentes en la música garaje de los 60, incluso en la música surf. ¿No es acaso el tema de The Trashmen Surfin' Bird, editado en 1963, una canción fundamentalmente punk?

El punk originario reinterpreta diferentes tramas de la historia del rock, del mismo modo que no podría entenderse sin la capacidad de otros estilos y movimientos coetáneos para desarrollar su propia plataforma estética. La New Wave inglesa, concepto algo difuso en tanto que albergó una disparidad de sonidos y etiquetas pop que abarcaba desde una línea melódica hasta el powerpop y las incipientes salidas del pop electrónico, bascula el potencial expresivo de la música de finales de los 70. El punk no es ajeno a esa corriente de expresividad. Forma parte de ella. Steve Strange, antes de fundar Visage, se hallaba inscrito en las filas del punk, al igual que Adam Ant antes de refugiarse en las escenificaciones de los New Romantics de la mano de Malcom McLare, el sibilino manager de Sex Pistols. El primer LP de Adam and the Ant, Dirk Wears White Sox (1979), un disco magnífico, varía en intenciones según el corte pero alimenta su devoción por T-Rex y el glam superponiéndolos a una base punk. Ultravox editan en 1980 un album igual de espléndido, Vienna, ya marcado por la tendencia en alza del tecno-pop, pero sus comiezos en 1976-1977 derivan su estilo del glam-rock y el punk primerizo. Algunos temas de Ultravox! y Ha! Ha! Ha!, ambos discos publicados en 1977, recogen esa influencia. En tesituras similares podría hablarse de Siouxsie And The Banshees. La banda surge en 1976 bajo los efectos del punk-rock a pesar de que fue evolucionando hacia una música emparentada con los primeros brotes del gótico y el pop siniestro. Su cantante, Susan Janet Ballion [Siouxsie Sioux] se convertiría en un icono punk, al que aplicó nuevos elementos escenográficos: la reminiscencia del bondage y el fetichismo.


Fotografías de Ray Stevenson: Joe Strummer y Johnny Rotten | The Clash, Sex Pistols y The Heartbreakers en The Anarchy Tour Bus

El punk, al menos en sus primeros tiempos, estableció un diálogo sonoro y estético con otras corrientes del rock. La influencia del glam se hizo notar durante toda la década, incluso en la siguiente a través del esteticismo de los New Romantics. Wayne County marcó una alternativa más enérgica a la imagen transformista del David Bowie de principios de los 70. El emblema ramoniano de la cazadora de cuero está presente en el punk por su efecto distanciador con respecto a la norma social. El acorde punk es igualmente ramoniano, pero la difusión del reggae y el ska en Inglaterra sumó nuevas expectativas. The Clash, a pesar de que en su época, con LPs como Sandinista! (1980), fueron acusados por sus fans y la prensa especializada de traicionar el ideal punk, son la aclaración para vislumbrar que el punk del 76 tuvo una línea evolutiva y una visión del riesgo en cuanto a la receptividad y asimilación de otros estilos.

 
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