viernes, 20 de mayo de 2011

irreverencias, marcel duchamp y jamie reid


No es que haya que contemplar algunas imágenes desde el mismo rasero. Cada cual participa de un contexto y motivaciones bien distintas, pero si en 1919 Marcel Duchamp se dispone a pintarle bigote y perilla a un icono de la pintura universal como Mona Lisa la cuestión de fondo reside en la capacidad del propio arte para negarse a sí mismo. Esa acción la repetirían los Situacionistas, y en los coletazos de su poder evocador, su influencia y arrojo panfletario en la sociedad del espectáculo, el diseñador que crearía toda la maquinería gráfica de Sex Pistols, Jamie Reid. Ambas imágenes parten de la irreverencia irónica al incluir elementos disonantes con aquello que prefiguran sus modelos, el bigote y el imperdible, un agente provocador que desde el plano de lo gráfico se atreve a desmentir el sistema institucional. En el primer caso el campo del arte. En el segundo la monarquía británica.

Tanto Duchamp como Reid realizarían diversas variaciones sobre el mismo tema, quizás porque la posibilidad de ir más allá de la irreverencia que se habían impuesto como método de abolición había llegado a su tope. Todo había sido dicho como negación mucho antes de que Sex Pistols convulsionaran la sociedad inglesa con God save the Queen. El punk quedaría definido en 1919, o incluso dos años antes con la presentación de La Fuente en la primera exposición de la Sociedad de Artistas Independientes. Puede que antes. Jamie Reid, por su parte, no hace más que reformular el proceder de Marcel Duchamp bajo otros medios. Y éste, seguramente el artista más importante e influyente del siglo XX, vuelve a aparecer en cada recodo de esa historia, de otras historias, para orientar la metodología.

 
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