viernes, 11 de enero de 2008

sniffin' glue


Sniffin' Glue marcó la pauta a la efervescencia del fanzine punk en Inglaterra, abriendo las puertas a la filosofía del Do It Yourself (Hazlo tú mismo). No sólo se trata de una práctica. La máxima sostiene una ética cultural que dio con la clave de la autogestión eliminando las posibles barreras entre creador y consumidor y estableciéndose una vía de comunicación no-profesionalizada en los límites de la sociedad de mercado. Quizá sea ése el legado más importante que ha dejado el movimiento punk original cuando su discurso, ya en los 80, alimentado por una variedad ideológica que se bifurcó entre las esquinas del anarquismo y el fascismo, el tenebrismo estético, el nihilismo mercantilizado como una emulación persistente y estereotipada del No future de los Sex Pistols, fue asimilado por las compañías multinacionales y la industria de la moda.

Mark Perry, autor y editor de Sniffin' Glue, sacó el primer número en julio de 1976, motivado por la visita de los Ramones a la Islas Británicas. Tras catorce números, el fanzine concluiría en septiembre de 1977, pero para esa fechas ya había asentado los moldes sobre los que se regiría el fanzine punk clásico. La cuestión de fondo no sería otra que las referencias prácticas sobre las que Perry había ideado Sniffin' Glue. En una entrevista publicada en el fanzine Jamming! 6, en 1978, explica los inicios de la publicación por su interés en escribir sobre la música del grupo norteamericano Ramones. Sorprende la espontánea iniciativa individual de Perry para crear un nuevo canal de expresión informativo que encajaba con las vías alternativas de la escena underground que empezaba a germinar a mediados de los 70. Sin embargo, también podría interpretarse como la reacción a la escasa presencia de las grandes revistas y semanarios en los movimientos emergentes, a la vez que la movilización informativa respecto a esas subculturas no había llegado todavía a expandirse. Publicaciones como The Face, I-D, Q, Mojo o Loaded, algunas de ellas editadas en sus primeros tiempos en formato fanzine y reconvertidas tras una evolución más o menos comercial como instituciones mensuales en el ámbito especulativo de las tendencias, todavía no habían aparecido en 1976, mientras que la infraestructura musical (televisión, radio, sellos discográficos, etc) apenas fijaba su atención en esos escenarios periféricos.

De modo que el fanzine de Mark Perry se convierte en referente activo y estético de la primera generación punk. Sus primeros números ya muestran el ímpetu informativo de Perry, intruduciendo a grupos como Eddie and the Hot Rods, The Damned, Johnathan Richman and the Modern Lovers, Sex Pistols o The Clash. En otros posts veremos que el fanzine, salvando las distancias en intenciones estéticas, encuentra su enclave histórico en el almanaque Dada y la proliferación editorial del Constructivismo ruso, pero también ante un bagaje editorial que procedía del comic underground y de la prensa musical alternativa de finales de los 60. La diferencia podría aplicarse precisamente a las modalidades de gestión del fanzine y cómo repercutió en el entramado de la subcultura punk, al menos en sus inicios. Sniffin' Glue sería el primero en dar con la clave de ese modelo, llegando a distribuir una tirada de 15000 ejemplares.

 
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