domingo, 19 de febrero de 2012

subvirtiendo al pato donald



Ultimamente, ante el repaso de algunos cómics del underground primigenio español, aquellos que caían del lado de los Tebeos del Rollo, El carajillo Vacilón, El Sidecar, A la Calle, y otros como Nasti de Plasti o las diferentes entregas de Rock Comix, llego a la conjetura de que el cómic español no habría sido nada sin ellos, o sea, sin Max, Montesol, los Hermanos Farriol, Nazario, Mariscal, aquellos que comandaron El Rrollo Enmascarado allá por el año 73. Y llego por esa vereda hasta la revista que editó Producciones Editoriales después de la disolución de Star: Bésame Mucho, también dirigida por Juan José Fernández. Es más que probable que esta revista todavía no haya sido suficientemente ponderada en el entramado del comix español, quizá porque la importancia de El Víbora desde su mismo nacimiento, en 1979, eclipsaría a muchas otras que intentaron proseguir esa misma vía de continuidad, la del improperio transgresor por la línea chunga.

Lo que sigue son cuatro portadas de Bésame Mucho en las que (estamos en los primeros trazos de los años 80) se procede a una capitalización de algunos personajes emblemáticos del cómic internacional por medio de aquellos temas que habían sido recurrentes en el underground de mediados de los 70, el sexo y la droga, una subversión del aparato iconográfico infantil trasladado a la lectura irrevente de aquello que se llamó cómic para adultos. Quién podría imaginarse a Tintín follándose a una muñeca hinchable, a Olivia y Popeye dejándose arrastrar por sus más oscuros deseo sadomasoquistas... Bien pudiera ser que el Pato Donald hubiera encontrado su verdadero lema vital entre las filas marginales y gregarias de Makoki, pero lo que se trasluce es el estado de rebeldía contra el aparato de consumo masificado. Si la Castafiori decide enseñar las tetas, por qué no decir también que la sociedad española, a expensas de una corriente subterránea, iba a dar todavía con los signos de otros cambios más profundos. Esa misma sensación ya se había vivido en las Ramblas barcelonesas cuando Ocaña y Nazario, personajes fundamentales para entender las filias y fobias del periodo de la Trasición Democrática, salen de paseo, travestidos, para devolver a la luz de la calle lo que había permanecido oculto durante 40 años. Esas portadas de Bésame Mucho, arriesgadas en el mismo grado que otras tantas que habían supuesto el cierre temporal para la revista Star, también suponen la práctica de una provocación. Y si se quiere, de pervertir los términos de la cultura de masas.

 
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