sábado, 28 de noviembre de 2009

courreges & Cardin: moda y vanguardia en la era espacial



Andre Courreges

La visualidad del futuro no es solamente la manivela con que el mundo de las representaciones adquiere sentido en la imaginación. Es cierto que en todas las épocas se ha intentado llevar esa tarea hasta el límite, incluso más allá de todo aquello que podía pensarse según los patrones tecnológicos de cada sistema social. Sin embargo, el siglo XX culmina la realización del futuro tomando como umbral el año 2000 y depositando en esa franja la máxima concordancia entre lo que se había imaginado y la realidad materializada. El futuro pensado desde el medio siglo no ha tenido una correspondencia fidedigna, más que nada porque lo que en eso momento se estaba produciendo era la proyección de una hipótesis, un futuro hipotético que tenia una base en los avances tecnológicos y otra en el ámbito de la narración. Una vez rebasado el umbral del 2000, la forma en que el futuro es visto ha de redireccionar un nuevo eje de disposiciones culturales en el que la tecnología factible, la inteligencia artificial e internet han tomado el lugar de esas representaciones.

El mundo de las representaciones visuales ha sido desalojado en beneficio de lo que se podría denominar predicciones tecnológicas, es decir, los fundamentos de la propia ciencia experimental llevados hasta sus últimas consecuencias. Un ejemplo lo marca Raymond Kurzweil, especialista en inteligencia artificial y artífice de predicciones centradas en la fusión de lo biológico y la robótica en el ser humano. No se quiere decir con ello que en el periodo que delimita la era espacial no se llevara a término mecanismos parecidos de predicción, con la diferencia de que su proceder era revertido a la sociedad postulando la cuestión formalista, iconográfica, de una sociedad futurista irreconocible, distinta. Es en esos términos en que la moda de los años 60 también se introduce en el concepto: una moda que se distanciaba del sistema de producción estandarizado para resaltar una oportunidad vanguardista. Un paralelo a esta predisposición a exponer la balanza hipotética de los productos culturales ya la hemos visto, en parte, en el trabajo realizado por el colectivo inglés Archigram. André Courreges, Pierre Cardin y Paco Rabanne proporcionaron un relieve distinto a la vestimenta alterando las funciones mismas de la moda y adjudicándole un status irrealizable para el sistema productivo, es decir, para su consumo en masa.



André Correges inicia su proceso deconstructivo de la moda-pop a partir de un adelanto de lo que debía ser el futuro de la moda en el contexto de la alta costura. A partir de 1964, año en que diseña su primera colección articulada en referencia a esa parcela del futurismo, vaticina una vía alternativa que tiene más que ver con la idea de prototipo, en los términos en que lo hemos aplicado al concept vehicle, por ejemplo, que con la idea de diseño en su sentido tradicional. No obstante, su política artística tiende a liberalizar la prenda de la alta costura proponiendo un pret-a-porter de lujo que se irá suavizando a finales de la década con la creación de la marca Hyperbole, un moda pensada para la juventud con las expectativas extrapoladas a una posible generación del año 2000. En una grabación audiovisual de 1968, el diseñador expresa las diferentes líneas de actuación seguidas durante ese periodo, desde el blanco luminoso volcado en un esteticismo futurista que recrea ideales espaciales y geométricos hasta la reinterpretación de los modelos vernáculos del pop.

Pierre Cardin, sin embargo, genera otro tipo de realidad futurista en la que se determina un componente de ficción que no está en Courreges y, por tanto, exige un acercamiento visual diferente al conjugar el estereotipo de la vanguardia Ye-Ye con una estilística que asimila prestamos de los mass media. Courreges participa de un ideal. Cardin ejerce un influjo semiótico al trasladar elementos del atrezzo de la ciencia-ficcion al sistema de la moda.



Pierre Cardin

En 1967 crea una colección inspirada en el vestuario de la serie televisiva Star Trek, emitida entre 1966 y 1969. Aunque en años anteriores ya puede vislumbrarse una voluntad rupturista con respeto a los patrones hegemónicos creados en los años 50 por Dior, Cosmocorps supone un giro en su obra que perdurará hasta al menos 1970, momento en que el afán retrofuturista empieza a diluirse al menos como fenómeno social. Otro archivo audiovisual de 1969 expone su influencia de la era espacial en combinación con la actualización de la moda Ye-Ye y el influjo estético del cine de ciencia-ficción. Tanto Courreges como Cardin provocan un cambio de enfoque que va más allá del modelaje gráfico del vestido. Afecta a las estrategia producción y, por tanto, al engranaje sobre el que debía sostenerse su distribución y consumo. Dos filosofías distintas que convergen en la captación visionaria que transgrede el factor monetario de la industria al anticipar formas que no serían revisadas hasta años después.

 
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