jueves, 5 de noviembre de 2009

lecturas del pasado, lecturas del futuro

El concepto de retrofuturismo, movedizo a partir de su utilización en contextos muy diversos, implica versiones de ida y vuelta, revivals, utopías desaforadas, descontextualizaciones o maneras de invadir una época con los argumentos tecnológicos de otra. No obstante, podría hacerse una escisión de la idea en dos partes diferenciadas, de tal forma que si en un lado el tratamiento se vuelca sobre una lectura del futuro, en el otro se produce precisamente aquella lectura del tiempo pasado que mezcla arquetipos tecnológicos de distintos periodos (o ficticios) tomando como base estética y ambiental el posicionamiento en un época concreta. El primer caso podría confundirse con los argumentos de la ciencia-ficción en sus términos clásicos, el segundo con una fenomenología estética del revival. Lo que les iguala es la voluntad de mezcla en el pastiche, es decir, la convivencia de elementos visuales pertenecientes a espacios temporales distintos.


Fotograma de Sky Captain and the World of Tomorrow, 2004, ejemplo reciente de retrofuturismo en el cine

Aunque en sentido estricto, el retrofuturismo tiene su punto de arranque objetivo en la segunda acepción del término, muy focalizado en el comic, la novela y el cine a partir de los años 80, con el auge de subgéneros de la ciencia-ficción como el Steampunk, en este monográfico haremos mayor acopio en esa parte de la definición que explica una sociedad a partir de su visión utópica de la tecnología, visión que se traslada tanto al ámbito artístitico (ilustración, diseño, arquitectura, música) como a las formas de vida cotidiana existentes. Este fenómeno tuvo repercusiones especialmente relevantes a partir de la década de los 40, con el advenimiento de la era espacial y una perspectiva sobredimensionada de los avances en tal materia.

Más allá de que las referencias estéticas que empezaron a concebirse de la sociedad futura fueran expuestas desde una maximización de las posibles evoluciones de la carrera espacial, se produjo también el contagio de idealización de ese futuro por el cual el presente estaba igualmente implicado a través del propio acontecer de la sociedad de consumo. Este hecho marca el vínculo necesario entre la inmersión de ese idealismo en el mundo cotidiano y la redefinición del concepto de felicidad y bienestar que se estaba construyendo con los ingredientes de la sociedad de consumo.


Publicidad de Electric Light & Power Companies, 1959

El retrofuturismo, aun cuando podría enclavar sus obsesiones y manisfestaciones iniciales en las lecturas que se habían hecho de las novelas de H.G. Wells y Julio Verne en las primeras décadas del siglo XX, se instala de un modo más acuciante con la instauración de un sistema productivo plenamente volcado al consumo. Consideración que tendría consecuencias a dos niveles. Por un lado, la voluntad de materializar el potencial de los descubrimientos tecnológicos y su traslado a la vida común de las clases medias. Por otro, la necesidad de abastecer un mundo de representaciones nuevas, simbólicas e ideales, que acumulen material para la capitalización de una teoría de la felicidad, una ideología sobre el estado futuro inserto en el modelo del American Way of life.

 
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