viernes, 20 de noviembre de 2009

locomocion en la era espacial: el caso del "firebird"



XP-21 Firebird 1954 / Firebird II 1956

El ansia de visualización del futuro también se trasladó a la locomoción con la mezcla de una via carente de funcionalidad y otra que incurriría en la máxima del beneficio del prototipo, es decir, su aprovechamiento en el largo plazo. Sin embargo, en el contexto emergente de la era espacial y la psicosis por avanzar un alunizaje inmediato, la industria automovilística dedicó sus esfuerzos al diseño de coches expresamente influenciados por la aeronáutica y el chasis del cohete a propulsión. Este hecho está ampliamente documentado en el arte de la ilustración de la época y en las revistas especializadas en ciencia-ficción como Analog o Fantastic Universe, algo que iba a sostener parte de la imaginería sobre las posibles figuraciones del futuro.

La constatación de que el automóvil se habría convertido en uno de los símbolos más arraigados del posicionamiento de clase y que el fordismo fuera uno de los cimientos del sistema de producción revela la propensión de esa industria al adelanto, de tal forma que apesar de que, con toda probabilidad, la intención no era incluir esos prototipos en el sistema productivo al menos proporcionaban una mitología de orden visual que se distanciaba del diseño convencional y un enganche en la actitud deseante basada en el umbral de la velocidad y las capacidades distintivas de la máquina. Las exposiciónes de automóviles, como la organizada por General Motors entre 1949 y 1961 bajo el nombre de Motorama, corroboran no sólo la necesidad lúdica de avivar los ojos del espectador necesitado de nuevos objetos de consumo por otra parte inalcanzables, sino también de probar la convergencia entre los prototipos más vanguardistas y el desarrollo de la tecnología en otros ámbitos de la locomoción.



Firebird III 1958-1959

Tanto Ford como General Motors invirtieron en especímenes de escasa salida comercial pero que exteriorizaban para el gran público la magnitud de su engranaje empresarial como fabricantes de primer orden. Entre 1954 y 1959, General Motors dio a conocer la serie Firebird, modelos de automóvil que debían sus prestaciones aerodinámicas a los aviones de combate norteamericanos y se incluían en la tipología de los Concept vehicle, coches que cumplían la función de mostrar los valores conceptuales de un diseño al incorporar otras tecnologías o cualidades.

Aún cuando tal denominación había empezado a hacerse reconocible con la salida en 1938 del Buik Y-Job, será precisamente a mediados de los 50 cuando alcance un significado totalmente nuevo al vincularse a la construcción experimental. Un claro ejemplo serían los Firebird.

 
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