miércoles, 2 de diciembre de 2009

robots


Habría que situar el traslado de la ingeniería robótica al mundo infantil dentro del contexto antropológico por el cual la infancia ha de asumir desde edad temprana ciertos roles y conductas propias de los adultos, un primer paso hacia la comprensión del entramado social que el niño ha de ir interiorizando con sus virtudes y desarreglos. El juguete determina esa necesidad desde una versión lúdica, pero al considerarse una versión vinculante entre fantasía, imaginación y realidad, ésta vendría guiada al mismo tiempo por reglas particulares. El juguete ejerce una función emulativa: jugar a la guerra, ya sea utilizando un rifle de vaquero o una bazoka de plástico, no es más que el ejercicio teatralizado de una conducta adulta, universal, sin embargo tal manifestación pone en la balanza psicológica del niño la forma en que ha de aprender los rasgos esenciales de la agresividad colectiva.

Parte de los juguetes construidos a lo largo del siglo XX no son sino productos pertenecientes al mundo adulto: aviones a reacción, coches de bombero, cocinas, muñecas, etc., los cuales connotan obsesiones y tendencias sociales generadas en cada momento histórico. Una muñeca de 1940 explica fenómenos distintos a aquellos que podría explicar una muñeca fabricada en el 2009. Lo que interesa en este punto es, al hilo de tales argumentos, el auge de la robótica como pauta lúdica, hecho que viene marcado, en un sentido, por el conjunto de juguetes fabricados a partir de los años 40 estrechamente relacionados con la era espacial y, en otro, por la cobertura de una posible amenaza del espacio exterior difundida igualmente por el cine de los años 50 con películas como Ultimátum a la tierra (1951) y Planeta prohibido (1956)



Gort, robot de la película Ultimatum a la tierra, | Fotogramas de Planeta prohibido

El eje que vertebra estas dos vertientes trasladadas a sus funciones lúdicas lo marca el propio desarrollo tecnológico de los autómatas mecánicos. La historia da sobradas muestras del interés de la ciencia por este tipo de artefactos, sin embargo es a partir de los años 20 (s.XX) cuando se empieza a utilizar una nomenclatura distinta (robot) al añadirse a su construcción los prámbulos de lo que sería la inteligencia artificial. Podemos establecer una fecha propiciatoria entre la robótica y la iconografía característica de los robots de juguete fabricados desde mediados de la década de los 40: 1937, año en que la empresa Westinghouse construye un ejemplar que sería ampliamente difundido en la Exposición Universal de Nueva York, en 1939. Elektro es uno de los primeros robots en adquirir una dimensión mediática, al tiempo que podemos situarlo como un referente estético del robot utilizado en la película Ultimatum a la tierra.


Elektro, robot de 1937

No obstante, la fabricación de los robots de juguete fue materializada primero por la industria japonesa tras la II Guerra Mundial, en un intento por competir con el mercado norteamericano. Su popularización en Norteamerica y algunos países europeos traería el paulatino perfeccionamiento de sus cualidades técnicas. Sus postulados iconográficos aluden a todo un compendio de obsesiones coyunturales de la época, desde la explosión de la era atómica y armamentística, la conquista del espacio, la amenaza extraterrestre, pasando por fenómenos asociados al desarollo de la automoción aérea y las distintas versiones del futuro.


 
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