sábado, 14 de mayo de 2011

del coolhunter on-line y otras derivaciones fotográficas (breve introdución a las fuentes, part I)


August Sander 1925-1929

La captura de la moda en la calle ha ocupado una parte de la tradición fotográfica, pero en los últimos años han proliferado figuras laborales (o amateurs) dedicadas a extraer del ambiente urbano lo distinguible de los signos variables de una tendencia, o más propiamente, aquello que al recogerlo como dato, como supuesta prenda individualizada en el estilo de un transeúnte, podría adquirir relevancia en la industria de la moda. Una tendencia exige uniformidad para ser concretada en el espacio social, y ésta es elevada a categorías de relevancia sólo cuando el grupo materializa una identificación objetiva con la manera de asentarla. En este contexto, la figura del coolhunter ha adquirido en los últimos años cierta relevancia aun cuando su práctica se ha visto distorsionada al no ofrecer, en la mayoría de los casos, más que aportaciones superficiales.

Internet ha acogido a coolhunters de todo género que, ante la voluntad de captar instantes distinguibles, vuelcan el acto fotográfico en el intento de hacer visible una descripción potencial de la moda. No obstante, hemos de considerar que esa manera de proceder no es nueva y tiene su hilo conductor en la historia de la fotografía aunque sea como herencia indirecta, más aún cuando tiende a omitirse ese rastro y pensar que el proceder descrito en esos blogs ha sido construido de la nada a partir del auge socio-económico del coolhunter.


August Sander 1926-1928

Podemos fijarnos en tres cortes distintivos de la historia de la fotografía para adivinar que la materia con la que trata el coolhunter-blogger tiene un origen diversificado. Eludiendo que desde sus mismos comienzos la fotografía ha aportado información cualitativa sobre los modos y usos de la moda en el interior de las clases sociales, trasladamos nuestra atención a August Sander, pionero de la fotografía documental, vástago definidor del lenguaje fotográfico tal como se expresa en algunas parcelas del fotoperiodismo y el retrato. Una parte de su obra, localizada en los años 20, expone el registro de tipologías sociales, una fotografía retratista que logra concentrar en la imagen un conocimiento exhaustivo del sistema de clases de la época, oscilando entre las clases altas, los grupos divididos en castas laborales y el lumpen urbano. Evidentemente, la intención de Sander no se circunscribe a la moda. La vestimenta es un compuesto semiótico que ofrece información sobre el sujeto social y el lugar que ocupa en un sistema estratificado. La perspectiva asimilada por el ojo-cámara, frontal, formando un ángulo perpendicular con el cuerpo retratado, procede de la herencia del siglo XIX, la cual ha supuesto la base organizativa de la imagen ideada en los modelos del Straight-up Style de finales de los 70 y principios de los 80 (del siglo XX).



Garry Winogrand, años 60

August Sander fija las bases de esa perspectiva, pero también la capacidad de la fotografía para extraer del cuerpo mediatizado por los signos sociales el carácter focal de una época, todo ello interpuesto por el sistema de clases. Hay que tener en cuenta que en la década siguiente, entre los años 30 y 40, la fotografía de moda refuerza principalmente la imagen hecha en estudio, bajo el foco, y unas coordenadas linguísticas estructuradas en torno al empleo de la luz y la sombra. En los años 50, algunos fotógrafos empiezan a retratar la moda desde el espacio público, pero el control de la escena y el atrezzo sigue siendo una patente que ejemplifica su dimensión teatral.

No obstante, en los años 60, la fotografía documental propicia nuevos lenguajes. Otro corte distintivo podemos localizarlo en la obra de Garry Winogrand. Winogrand, siguiendo las vías abiertas por William Klein y Robert Frank una década antes, concentra su labor en la captura callejera de los modos sociales de la mujer, una mujer nueva, que ha empezado a escapar de las restricciones de los modelos femeninos tipificados en los 40 y 50. Su práctica intenta recoger la fenomenología de esas transformaciones a través de sus gestos y posturas, de manera que en el registro de ese deambular por las calles va creando un discurso riguroso en torno a la relación del sujeto contemporáneo con la urbe. La moda, indirectamente, supone una base constructiva de ese discurso. Moda que funciona a un nivel mucho más básico en tanto que la mujer retratada por Winogrand ha decidido darle una expresión distinta, natural y espontánea. La evidencia de los años 60 y el giro copernicano que sobrevuela esa década perpetra la voluntad del registro. Algo parecido sucederá a finales de los 70, cuando el fanzine I-D, reconvertido tiempo después en un magazine de moda, recoja ambas tradiciones, la de Sander y Winogrand, para recalcar la mirada en alza de las subculturas emergentes en ese periodo. Sin duda, August Sander está en la base de esa voluntad de transferir los usos y formas callejeras de la moda al papel de una publicación. I-D define esa tendencia, el straight-up, práctica que se repetirá y copiará en muchas revistas de moda hasta llegar al coolhunter on-line del siglo XXI.


I-D, principios años 80

El desarrollo de las aportaciones de I-D a una cultura de las tendencias puede verse en los posts I-D o la instantánea de la calle (I) y I-D o la instantánea de la calle (II).

En la segunda parte de este post haremos repaso de las categorías que han hecho posible al coolhunter on-line, sus tipos y funciones en esa cultura de las tendencias.

 
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