martes, 23 de febrero de 2010

rostros borrados, bocas abiertas



Untitled 2007

La pincelada expresionista crea el climax para extraer del primer plano el rostro borrado, la boca hasta su máxima apertura, los rasgos que simulan el intento de multiplicar la perspectiva. No hay retrato en la obra de Grant Schexnider. Más bien se trata de un rastro psicológico que a veces comprime un momento violento o sexual, anímico o extático, pero en la veladura hay también el material del que está hecha la experiencia extrema. Schexnider vuelve al Picasso de las Señoritas de Avignon o a la fuerza trazada en algunos cuadros de Francis Bacon no para homenajear las obras sino para fundamentar su propia práctica de la aniquilación.

Aniquilación aquí no quiere decir hacer desaparecer. La historia del arte ha conjugado ese concepto de maneras bien distintas, pero es en la modulación del sujeto donde se presta mayor acomodo a las vías por construir nuevos perfiles contemporáneos. Picasso o Bacon, desde parámetros distintos, son aniquiladores en potencia porque reconstruyen el Yo-Otro moderno. Schexnieder pide la vez para asumir en esa reconstrucción algo no aclarado, diluido, deforme a un nivel psicológico. La posmodernidad lo atestigua y el cielo se hace líquido.


Untitled 2009

 
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