domingo, 22 de diciembre de 2013

{La revista} Madrid me Mata como bazar de la posmodernidad





Post publicado originalmente en marzo de 2010, con algunas variantes, añadidos y tachaduras.

Las revistas de vanguardia han tenido en España una tradición consolidada desde que Ernesto Gimenez Caballero creara La Gaceta Literaria (1927-1932) como un espacio capaz de rebasar los límites de lo periodístico para construir un contexto sociocultural particular. De vanguardia no sólo porque se hallara inscrita a los movimientos vanguardista históricamente tipificados, sino por su voluntad de redefinir los objetos culturales de la época. Muchas otras revistas pertenecen a esta categoría, y en la España de la Transición Democrática (y los años 80) hubieron unas cuantas que intentaron poner al día algunos aspectos del dietario vanguardista. Star (1974-1980) obtuvo su flujo constructivo en los espacios contraculturales del underground barcelonés y La Luna de Madrid (1983) definió la síntesis conyuntural de la Movida Madrileña desde el flujo movedizo de la posmodernidad. Uno año despues de su salida, en 1984, aparecía otra revista de enorme relevancia para la consolidación de los espacios culturales que se habían ido fraguando desde finales de los 70: Madrid me Mata (1984-1985, dieciseis números en total).

Oscar Mariné
diseña y planifica una revista que funciona como catalizador de anonimatos y presencias públicas, es decir, buscando en el espacio urbano (Madrid) las señas de identidad de una modernidad rebasada a través de figuras que actúan como emblema. Ese mismo cometido ya lo había llevado a cabo La Luna de Madrid, con la diferencia de que en esta úlyima se procede a realizar una identificación ad-hoc entre algunos artistas y el contexto que pretende definir acotando psicologicamente la perspectiva de su público objetivo. En ese sentido, Madrid me mata es más abierta, proporcionando una visión más abstracta del acontecer sociológico de la posmodernidad. Su punto de partida, sin embargo, hemos de encontrarlo en el propio diseño y maquetación de la revista, que acaudala referecias distintintas, más o menos visibles, encontrando en la revista inglesa I-D (nacida como fanzine) una referencia totalizadora.



Diferentes ejemplares de ID entre agosto 81 - marzo 83

No hay más que comparar algunas de sus portadas para extraer similitudes estéticas y compositivas, de tal forma que Madrid me mata intenta desde principios estéticos e ideológicos situarse en un frente de vanguardia para reinterpretar el aire de época tal como lo estaba llevando a término, por otras vías, la revista I-D. A otros niveles ambas revistas no aguantarían enmienda comparativa alguna. Sus objetivos e intereses son dispares, al igual que la manera de abordar una definición del espacio cultural. Ambas parten del contexto urbano, pero si I-D lo expone desde la salida a superficie de las diferentes expresiones de las subculturas juveniles y su capacidad para reinventar el concepto de moda, Madrid me Mata busca la mirada poliédrica y hedonista, a veces para estrechar relaciones dificiles de asimilar y otras para confeccionar su propia idea de ciudad cultural.

También La Luna de Madrid estaba operando con esa idea bajo la pretensión de unificar ciertos embites de la tradición y las embestidas de la modernidad, pero Oscar Mariné, más proclive a la estilística, volcaría su energía en abastecer las páginas de Madrid me Mata con proteinas de diseño y grafía que servirían a la vez como un ejercicio de estilo, un campo de experimentación personal e inequívoco.




Sin que eso haya de suponer un vislumbre traumático, Madrid me Mata propone un tipo de revista practicamente inédito en España que da prepoderancia al papel comunicador de lo gráfico por encima del contenido literario, rompiendo con la tradición editorial procedente de los 70 (Ajoblanco, El Viejo Topo, Ozono, Disco-Expres, etc) a partir de una elasticidad estética que modela los contenidos en beneficio de lo gráfico. El diseño y la maquetación se convierten en comunicación pura, enfoque que Mariné desarrollará en los años siguientes a través de su trabajo como diseñador gráfico. El valor de esa ruptura incide sobre el hecho de que el propio contexto sociocultural de la denominada Movida Madrileña, que en los años 84-86 inicia un proceso de desplazamiento hacia el mainstream cultural, reclamaba una sintesis visual, ya proclamada en las páginas de La Luna de Madrid.

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Madrid me Mata puede ser entendida entonces como un bazar en el que lo importante no es tanto los temas (vistos aisladamente) como la variedad de los objetos expuestos en sus estanterías (vistas en conjunto). La participación de otros elementos catalizadores, tales como Moncho Alpuente (letras), Jordi Socias (fotografía) o Juan Antonio Moreno (diseño), entre otros, termina por darle a la revista un matiz de pluralidad estética más amplio.







 
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