lunes, 10 de mayo de 2010

but beautiful


Art Pepper, But beautiful, Village Vanguard Sessions, 1977



El jazz es también la historia de cómo el ser humano cae y se rehace. En la biografía se encuentra el retal de un método de supervivencia. Muchos músicos establecieron una relación directa con el lumpen de las drogas, abocados al gueto subcultural o a la franquicia de un mercado musical que les daría la espalda. Músicos que en mayoría tenían una capacidad para expresar su sensibilidad fuera de todo compendio. Los casos más citados coinciden con la eclosión del Be-Bop, una revolución que tiene más que ver con un cambio de paradigma que con la progresión de un estilo anterior: Charlie Parker, Miles Davis, Bud Powell, Max Roach o Dizzy Gillespie. La teoría registra que Charlie Parker se abandonó a su suerte porque ya había llegado a su culmen creativo, un músico que podría comparársele en importancia y genialidad a Pablo Picasso, Francis Bacon o Marx Ernst. En su caso, la supervivencia dependía del abandono. Pero el arte tiene que ver también con la superación. Art Pepper es, creo yo, un caso especial, como lo sería Miles Davis, John Coltrane y Sonny Rollins. Desde su tono influenciado por el sonido de la Costa Oeste de los años 50 (Chet Baker, Gerry Mulligan o Stan Getz) hasta sus discos de finales de los 70 hay todo un contratiempo que actúa en favor de esa sensibilidad. En esos ultimos años edita una serie de discos que pueden ser entendidos como un manual de experiencia. Las Village Vanguard Sessions, grabadas y editadas en 1977, muestran las fisuras de toda una vida: su sonido se rompe, pero en el desafinado contempla el reto de la belleza: su profundidad. Extraer lo propio en un intervalo de melodía también requiere voluntad por visualizar en el futuro aquello que lo construye.

 
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