jueves, 26 de agosto de 2010

terrible belleza



Cuando en la primavera de 2009 tuve la oportunidad de visitar la retrospectiva que el Museo del Prado había dedicado a Francis Bacon, caí en la cuenta de que a la belleza se llega por muchos lados. No un tipo de belleza formal, heredera de nuestros ancestros grecolatinos, sino esa forma de batida en la que la conciencia humana pide sobrepasar el límite para no regresar jamás. Francis Bacon es el inventor de un tipo de pintura nueva, tan reveladora y brutal que aún hoy provoca perturbación, una clase de extravío apenas adjetivable. Cuando hoy descubro que la Hugh Lane Gallery de Dublin le ha dedicado otra antológica por el centenario de su nacimiento, Francis Bacon: A Terrible Beauty (28 octubre 2009-7 marzo 2010), vuelvo al repaso de su caótico espacio de trabajo y a la incógnita de su metodología.

Nadie dudaría de la importancia de Picasso, Andre Breton o Marx Ersnt, pero éstos son creadores contextualizados, quiero decir, formados bajo las condiciones históricas, formales y morales de las vanguardias. Bacon se abstrae de los condicionamientos pictóricos de su tiempo para crear algo distinto sin renunciar a la tradición de la historia del arte. Goya, Rembrandt, Velazquez, Picasso, todos ellos están en Bacon de un modo transmutable y performativo, congregando bajo su conocimiento de la técnica un hapenning de color y modos compositivos que tomarán en el formato-tríptico su máxima impostura. El cuadro deja de narrar la linealidad del tiempo para resituar visualmente su argumento despedazado. Al igual que su estudio, la representación de la belleza en Bacon viene arrancada, que no tomada, de un física retorcida por el desorden gestual. Esto se ve al milímetro en sus retratos, pero también en el contraste de las superficies planas pintadas sobre el lienzo y el movimiento asimétrico de sus figuras. Bacon vuelve a estar de actualidad. Lo estará este año y el siglo que viene. Bacon es el pintor del siglo XX más contemporáneo.

Una anotación: cabe reseñar que al contrario que el Museo del Prado, que colocó su entrada al precio de 8 euros, la visita a la exposición de Bacon en la Hugh Lane Gallery es gratuita. Que cada quien saque sus conclusiones.

 
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