sábado, 30 de octubre de 2010

el triunfo de karl marx y la sociedad de codigo abierto (1)


La verdadera revolución social está sucediendo en el entorno online. Lo que el comunismo de Estado y el capitalismo global, no han sabido entender, se está produciendo en Internet, a saber: el ascenso de una verdadera democracia radical en el que los medios de producción han pasado a manos de un usuario-proletario comprometido con los gestos de la colaboración y la participación. En ese sentido, la forma utópica en que Marx habría de expresar el conflicto de clases entre la burguesía y el proletariado nos lleva ahora a una resolución que sin duda provocará un cambio en el sistema económico-cultural, en el contexto de la globalización. En 1989, ante la caída del Muro de Berlin, se produce un hecho que hasta ese momento no había sido expresado con tanta soltura y prepotencia: el sistema capitalista se iba a convertir en el medio natural de la humanidad. Después de la caída del comunismo de Estado, que se ha de diferenciar de los presupuestos teóricos del Marxismo, el capitalismo revierte su discurso sobre la validación de sus premisas como única fuente de la estabilidad mundial. El capitalismo acogerá en su seno a los millones de ciudadanos que anteriormente estaban bajo el paraguas comunista: ya se sabe que una hamburguesa puede quitar el hambre, pero mil hamburguesas hacen mercado. Mil millones también.

Ya hay quien sostiene que la crisis económica actual no es más que el primer peldaño de una crisis más profunda e inabarcable, la del sistema capitalista en su conjunto, como modelo vital. Es posible que pasen años antes de que empiece a vislumbrase los primeros destellos de esa quiebra, pero de lo que no cabe duda es que la revolución online tendrá un papel preponderante en esa quiebra. El usuario ha ido adquiriendo el poder y ha empezado a sustituir viejos modelos por nuevas formas de relación social, económica y cultural. Del mismo modo que la dicotomía entre productores y usuarios se ha ido difuminando con el advenimiento y desarrollo de la Web 2.0., esos mismos medios productivos adquieren su máxima potencia en manos de ese usuario-proletario que ha empezado a utilizarlos para fines diversos, enclavando nuevas formas económicas en la mente del usuario general.

Las empresas tradicionales han empezado a darse cuenta de que el poder ya está en otras manos y que se ha ido produciendo un desplazamiento activo y constante de los mercados entendidos como mera transacción de bienes a mercados conversacionales donde el consumidor-usuario ejercita su poder y lo transfiere tanto al mundo online como al mundo real. Este inequívoco movimiento ya es imparable. Solo resta esperar a que se agilice el desplazamiento objetivo del entorno online al mundo de la vida cotidiana. La idea que subyace tras la transformación del usuario en productor y, así, en valedor de los medios de producción, es posiblemente la forma incipiente de un cambio social y cultural sin precedentes que le hará frente al sistema capitalista tal como lo entendemos hoy.

¿Cuál es su agente provocador? La fuerza motriz de la Web 2.0 y sus complementos futuros, el movimiento Groundswell, la predisposición de personas individuales y comunidades a transferir su conocimiento al bien común, el registro de lo que se ha dado en llamar inteligencia colectiva (la suma de todos los participantes genera una plusvalía imposible medir en términos cuantitativos), los modelos culturales de la participación y colaboración, el software de código abierto, las wikis como modelo organizacional, la democratización de los medios digitales y tecnológicos, etc... Todo ello compone la argamasa de una nueva revolución que ya esta sucediendo. El usuario-proletario posee los medios y los va a utilizar. El comunismo de Estado ya es historia. El capitalismo basado en la especulación, la expropiación y el egoismo de escala ha empezado a quebrarse, pero de sus cenizas surgirá una sociedad verdaderamente democrática, una sociedad de código abierto.

 
Copyright © 2007-2016 . Asi se fundó Carnaby Street . Javier M. Reguera