viernes, 5 de noviembre de 2010

homilia del absurdo


A los Hermanos Marx les debeo una carcajada duradera y una conjetura de ida y vuelta, sobre todo a Groucho, a Harpo, que estaban ahí, al pie de la escalinata, espiando al espectador. Es la argucia del vodevil y su continuación en el cine de los años 30, pues la idea era trasladar a la pantalla sus éxitos y despropósitos teatrales. Cuando se estrenó El Conflicto de los Marx (1928) ya eran conocidos en Hollywood, asís que la Paramount les propuso filmar Los cuatro cocos, en los estudios Astoria y en 1929.

¿Cómo podría tan siquiera imaginar que la conjetura es una afirmación? Por muy grueso que parezca el bigote de Groucho el gag es la ciencia despojada de toda lógica, al menos en el caso de los Hermanos Marx. La explicación no la tiene nadie, a excepción de Andre Breton. Parece obvio que, en tales circunstacias, los Marx trabajan tanto como se ríen. Cuando ruedan Sopa de ganso (1933) los papeles ya están repartidos. De los cuatro Hermanos, Zeppo se retira pronto de la escena. Es el serio, contrapunto a las disparatadas motivaciones de la tríada familiar. Ese papel, en parte, le hubiera correspondido a Chico de no ser porque su función cinematográfica es interpretar el personaje mediador entre el espctador y la mímica lúcida de Harpo. La conjetura nos hace advertir que una de las mejores actrices de reparto que ha dado el cine, Margaret Dumont, estaba ahí desde sus primeras película como réplica racional a la verborrea grouchiana.



La Paramount supo captar y reinventar para el cine el teatro del absurdo, pero los Hermanos Marx le proporciona el sentido. El gag podría tener, a veces, la convicción de una obra de Ionesco. Si a El Rinoceronte puede adjudicarsele la sátira del fascismo, el comunismo o la lógica político-comercial, Sopa de ganso reduce al ridículo más atroz las parafernalias estatales y los intereses creados. George E. Wellwart se refería a Ionesco como el autor que puso en evidencia el absurdo a través de la técnica de la paradoja: "Ionesco y los demás dramaturgos de vanguardia presentan sus verdades creando situaciones que contrastan tan claramente con la opinión general de lo razonable, que parecen a primera vista (o incluso después) insensatas y disparatadas". Eso es lo que sucede en Sopa de Ganso, Una noche en la ópera, Tienda de locos. En esta última, una acaudalada millonaria contrata al más ineficiente de los detectives (Groucho Marx) creyéndole la reencarnación de Sherlock Holmes y Rodolfo Valentino en un mismo cuerpo, y lo contrata así con la intención de averiguar el sabotaje que sufre su negocio. ¿Cómo es posible que la señora camte las alabanzas de un detective sin virtudes que alabar, incompetente a más no poder? La paradoja se fortalece ante las disonancias, entre aquello que el espectador piensa del detective y lo que la millonaria demuestra con su homilia, el cumplimiento de una creencia que es refutada en los actos, en sus consecuencias.

Al proceder con la significación del absurdo, y por mucho que se esmere el espectador en buscarle tres pies al gato, la adaptación del surrealismo a las películas de los Hermanos Marx se despacha en un párrafo, en una frase, en ésta: "Sus ojos, su garganta, sus labios, todo en usted me recuerda a usted. Excepto usted misma. ¿Cómo se lo explica usted?". O en ésta otra: "El lunes sigo a su mujer. El martes voy al partido de beisbol y ella no aparece. El miércoles va ella al beisbol y no aparezco yo. El jueves hay partido doble y no aparecemos ninguno". En la primera Groucho corteja a Margaret Dumont en la escena inicial de Una noche en la ópera (1935). La segunda, pronunciada por Chico, pertenece a uno de los programas radiofónicos que él y Groucho hicieron en 1932, frase que retocada incorporaron a Sopa de Ganso. Eso es todo, porque un final abrupto también contiene algo del absurdo: incapaces de limitar el plazo, seguimos andando como si nada hubiera ocurrido.

Posdata | La escena del camararote de los Hermanos Marx merece una entrada aparte.

 
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