domingo, 6 de noviembre de 2011

parafernalias del espia (tiempos de corrosion)



La primera consideración a tener en cuenta sobre el espionaje es que la apariencia redunda en su militancia * Quién es quién en la escenografía del belicismo indagatorio, en la trama de un saber opaco, importa tanto como aceptar la mentira del contrario * Todo espía ha de negarse como sujeto de conocimiento sin renunciar a una metodología de la vigilancia y la observación * El saber del espía se concentra en las posibilidades de penetrar en el cuerpo enemigo: falsear su identidad para detectar las maniobras y descubrimientos de un enemigo que se falsea a sí mismo * ¿Cómo es posible el camuflaje? Si el espía es el individuo irreconocible, entonces sólo puede presentarse bajo la figura del desaparecido * En su representación extrema, el desaparecido padece la enfermedad crónica de un esquizofrenico. El agente doble usurpa su identidad en beneficio de su lucro (im)personal * Si el secreto de identidad mantiene al espía bajo la representación de una apariencia perpetua, sus relaciones públicas se basan en un habla engañosa que impregna todo el campo social. La persona se oculta a sí misma y oculta a los otros * El espía se comporta como si su trabajo de investigación chocara constantemente con las normas éticas de la investigación científica * Tanto el secreto de identidad como el secreto de información y, por tanto, su revelación, entra en conflicto ético, social y personal con la conjunción de roles normalizados. La esquizofrenia del espía, más la del agente doble, impone una ética impropia, polémica. Vivimos una época (política y económica) de espionaje. Tiempos corrosivos donde nadie sabe que su contrario ya se ha sumado a la escena.

 
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