sábado, 10 de marzo de 2012

revulsivos culturales (con parada en alfred jarry, arthur rimbaud y tristan tzara)


Charly Parker y Johnny Rotten

En 1976, la explosión del movimiento punk pudo sugerir la reapertura de las tesis del Dada, no sin cierta prestancia al nihilismo compulsivo como residuo social y expresión de una ideología apocalíptica, y en una fecha próxima, 1978, el punk se repliega sobre sí mismo, en un intervalo que conduce de la transgresión societaria a la maquinación de un look, intervalo que tiene fecha de disolución el 18 de enero de ese mismo año, momento en que Sex Pistols ofrece su último concierto ante un público que lanza sus escupitajos como una muestra delirante de su aprobación. Quizá ningún otro movimiento cultural haya ofrecido un ensamblaje premeditado del negocio musical y la conspiración societaria. Los revulsivos del punk podrían asemejarse a lo que en los años 40 supuso la revolución del Be-Bop con respecto al jazz depositario de las segregaciones sociales en las bandas de Swing. El Bop, entendido desde el elemento social, nace como reacción ante la imposibilidad de expandir una forma expresiva y musical puramente autóctona en los medios institucionales del jazz, es decir, devolviendo a la negritud ese género musical, el cual había sido usurpado una década antes por las orquestas blancas. Los Sex Pistols reaccionan contra el mundo del pop en un intento por hacer sangrar las brechas de la cultura en un ámbito que va más allá de las políticas discográficas de los 70 para asentarse en la vida cotidiana. El paro en el Reino Unido había aumentado en cifras desorbitadas cuando en 1977 aparece Pretty vacant (Bastante desocupado), una antístesis de la canción protesta compuesta como un poema que aglutina desconcierto y frustración, reclamando al mismo tiempo el derecho a vomitar sobre los valores morales del trabajo. Una letra monótona, claustrofóbica. Un lenguaje inexistente hasta ese momento. De tal manera que la generalización de la protesta, acaso camuflada, quedaba reducida a una apología del apocalipsis social. Se alzaba así el movimiento del repudio con un hit-parade en las listas musicales.

Estamos bastante
bastante desocupados
estamos bastante
bastante desocupados
estamos bastante
bastante desocupados
y no nos importa.


"Punks" de 1920 en la Primera Exposicion Internacional Dada

La relación entre el punk y el Dada está en la base de las consignas de la insumisión como modelo de vida. Tristan Tzara, impulsor del movimiento Dada, proclamaría en 1918: "Escribo un manifiesto y no quiero nada. Sin embargo digo algunas cosas, y en principio estoy en contra de los manifiestos así como estoy en contra de los principios". Una provocación desmedida para la época, en los mismos términos que lo serían los primeros ready-mades de Marcel Duchamp. El punk menospreciaba el sentido musical como el Dada infravaloraba lo bello en el arte institucionalizado. ¿No es acaso una relación cíclica? El arte, cada cierto tiempo, necesita de un agente de negación que resitue la definición de arte como fuerza motriz de la cultura de época. En realidad, todos los movimientos vanguardistas de principios del siglo XX participan de una realidad inconclusa contra las convenciones.

Los referentes parecen acumularse desde las pesquisas visionarias de Arthur Rimbaud, Antonin Artaud y Aldred Jarry. Cuando en 1896 Jarry estrena Ubu Rey en el Theatre de L'Oeuvre, en Paris, obra que influye en todo el teatro de vanguardia y en la mentalidad estratificada en inclemencias y desaires culturales, las connotaciones de la representación se centran en el ataque consciente al público burgués, y eso es también lo que se promulgaría como consigna en 1977 bajo la presencia carismática de Johnny Rotten, cabeza visible de Sex Pistols. La magnitud transgresora de la música ha sido despreciada desde el academicismo dogmático con la misma insuficiencia con que desprecia todo el depósito social, político y cultura que no provenga de las instituciones: todo estrato subcultural es relegado a los fondos de un estercolero. Valdría la pena resituar la historia de las ideas desde las fuerzas culturales desterradas del campo social hegemónico: una chica se pasea con su pelo verde, sus zapatos a juego, un imperdible enganchado a una camiseta rasgada... A la altura de 1976, algo escandaloso la enfrenta al sistema social. ¿No es acaso una manera, como otra cualquiera, de exponer una idea?

 
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