miércoles, 20 de abril de 2011

el oportunista

La realidad no se resuelve unicamente en los datos, pero siempre habrá gente que revierta las palabras y explote su posición de privilegio. Eso me trae a la memoria una canción de la que ya se ha escrito aquí alguna otra ocasión (L’opportuniste), compuesta por Jacques Lanzmann e interpretada por el mayor cantante que, desde mi punto de vista, ha dado Francia: Jacques Dutronc. La canción se editaría en un LP memorable, tras los acontecimientos de mayo de 1968. Dutronc se adelantaba a su tiempo una vez más, exponiendo la piltrafa ideológica de una figura social que ha sido poco estudiada. El oportunista no sólo opera en el ámbito de la política: es el sujeto social camuflado bajo la tela del disfraz, cuya máxima propiciatoria podría resumirse en la idea de beneficio potencial, propio: su voluntad, acciones y expectativas están depositadas en el rendimiento de sus escaramuzas (económico, social, político, amoroso) y en el rédito sobre el otro. Nunca dice lo que piensa y piensa lo que nunca se atrevería a expresar: un tipo socialmente difuso. Dutronc relata, desde la crítica cultural, la psicología del oportunista remarcada por el mayo francés. Hoy el oportunista, en plena democracia, se acoje a la coartada de la vocación para suscribir su ascenso en la política y exigir el premio, pero el viento.

Y añado la abreviatura de dos posts que escribi para el monográfico de música Ye-Ye, hace ya. Dutronc en la cabecera y sus canciones pululando entre los renglones.

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1966. Las ye-ye girls siguen ocupando el pedestal de los adolescentes franceses y el pop inicia timidamente sus improperios hacia la canción protesta, aunque Jacques Dutronc. Otro renovador de la música francesa. Lo vemos en algunas composiciones para Françoise Hardy de 1962 (Le temps de l'amour) y de 1964 (Va pas prendre un tambour), hasta que en 1966 publica sus primeros vinilos recuperando la tradición que viene de Brassens, o sea, el lirismo irónico, la impostura ideológica y la sátira social. No queda ahí. Recapitula tradiciones, las agita. Reconcilia cosas distintas, Trenet, Dylan, el music-hall, Chevalier, la guitarra eléctrica, el crooner a la francesa, la psicodelia. Es el gran cronista-cantante de mediados de los 60, con toda clase de personajes recorriendo sus canciones como si ya no correspondieran a ese decenio. Le da a la segunda parte de la década el tono irónico que el ye-ye no supo darle a la primera. La revolución de mayo del 68 está próxima, pero Dutronc ya se había acercado a ella dos años antes con la media sonrisa levantando adoquines bajo unas letras entresecadas de la actualidad y sus paradojas. L'oppportuniste, canción de 1968, es la síntesis de todo lo que había cantado desde 1966. Su personalidad irónica rivaliza incluso con aquellos que ostentarán la bandera del compromiso.

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Insustituible renovador de la sonrisa cuando la canción ye-ye y el patronaje de la minifalda ya habían revolucionado la imagen de la mujer para volcarla despues sobre nuevos estereotipos. Todo en apenas cinco años. Los años 70 iban a olvidar las constataciones iconográficas que, para bien o para mal, se habían fraguado en el ye-ye, pero la caducidad no reside en que el producto se quede obsoleto sino en la necesidad de imprimir nuevas vivencias de consumo. Jacques Dutronc, antes de aquellas otras revoluciones del mayo francés, ya dejó en sus letras un dietario de crítica cultural, todo el soporte para una contestación. Lo hizo además mezclando tradición y modernidad, volviendo al music-hall y a la chanson, incorporando el sonido Dylan y la tonalidad del jazz, una psicodelia tamizada por su afán de narrar la realidad y todas las variantes sobre las que se puede contar una historia de amor en medio de la revolución. Por eso sus canciones de mediados de los 60 retratan ese tiempo de la única manera posible, para superarla desde la ironía.

Jacques Dutronc > L'opportuniste. 1968 (video)
Jacques Dutronc > L'opportuniste. Paris, 1992 (video)

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El video original de L'opportuniste encauza los motivos del pop aumentados por la lente colorista de los chicles Ye-Ye para luego contraponerlos a una puesta en escena que simboliza los engranajes del sistema capitalista. Dutronc reformula, de hecho, el componente escenográfico del Ye-Ye en un contexto de significados distintos: go.go's y color, movimientos de la psicodelia hippy y organigramas que terminarían mostrando la forma tópica de aclarar una década que llega a su fin y lucha por mantener intacta su iconografía. Dutronc los utiliza precisamente desde la óptica de la paradoja, en un mundo que ya no admite los colores-pastel del ye-ye. Pero su destreza para mostrar los simbolos polivalentes va más alla de la evidencia. Hay un momento en el video en el que, subido a la maquinaria, una rueda blanca gira a su derecha. La rueda, en constante movimiento, representa a todos aquellos que habían utilizado el emblema anarquista como coartada para prosperar en el ámbito de la política.

 
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