miércoles, 19 de octubre de 2011

vicente del bosque o el heroe contra la fotogenia



El héroe no hace falta que vuelva a casa, pues su función es abastecer de sentido moral su propios contratiempos. Sólo así puede proyectar su ejemplo sobre los demás.

En la iconografía contemporánea el héroe ha sido obsequiado con una imagen impostada, asociada al triunfador económico o a aquellos que, para el imaginario especular de nuestra conciencia colectiva, podrían ofrecer la proyección más adecuada, en la colectividad. Pienso en aquella maravillosa película de Stephen Frears, muy mal traducida como Héroe por accidente (1992), en la que se plantea un tema de nuestro tiempo: la incapacidad social y cultural para reconocer la autenticidad y el poder desmedido de los medios de comunicación para imponer una jerarquía de valores totalmente desvirtuada. En ese caso, el verdadero héroe jamás llegará a serlo a ojos de los demás porque, tal como se explica en muchas escenas, carece de empatía social. Con ello, los medios activan su engranaje para reconstruir la imagen que queremos ver, un héroe impoluto, brillante, vestido con traje a medida, un héroe elocuente, que aún no avalándole su acción es capaz de conectar con los desamparados y hacer de ello un acto elogiable. El planteamiento es mucho más urgente y necesario porque hemos decidido asumir una mentira para sosegar nuestra conciencia: un héroe nunca puede ser un vagabundo, un estafador de tres al cuarto. Y sin embargo, es él quien lleva la acción del salvamento.

El engaño termina por alumbrar (o mejor dicho, enaltercer) la realidad, y esa es una conclusión que nadie estaría dispuesto a asumir. En cierto sentido, el Real Madrid, como fábrica mediática de héroes impolutos y aromatizados, es deudora de esa cultura: la fotogenia del héroe impone un estado de realidad perfecto formalmente. Sin embargo, al echar por la puerta de atrás a Vicente del Bosque, un entrenador que ya había demostrado su gran valía en el club, su casa, estaban reafirmando una necesidad social que nadie, vuelvo a decir, quiere asumir. Es la vieja pregunta planteada en la serie Twin Peaks, de David Lynch: ¿quien mató a Laura Palmer? Pues todos, joder.

Vicente del Bosque no daba la talla como héroe exaltado en la fotogenia. Su apariencia física es más bien la del español crecido en la posguerra, un poco calvo, cara bondadosa y ritmo pausado, sin aspavientos ni exaltaciones grandilocuentes de la personalidad*. A partir de ese momento, el tiempo activa una maquinaría aún más poderosa. Haciendo ahora uso de la elipsis (perdón), ya sabemos que el héroe verdadero termina por resurgir. Ya no tanto como depositario de un triunfo, sino por la eclosión en el escenario público de una moral que no ha desfallecido en la desgracia. Es cierto, al hacerse poseedor del titulo que todo entrenador de futbol quisiera para sí, un mundial de futbol, se fuerza el reconocimiento masivo (muy merecido). Para bien de la salud social y cultural, hoy ya sabemos que hay héroes con calvicie. Eso también nos salva de tanta tontería.

* Es decir, exaltación desmedida del ego, justamente lo que el Real Madrid representa al interponer la figura de un tipo como Mourinho.

 
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