miércoles, 14 de marzo de 2012

killed by podcast I



Hay escritores que nunca debieron ser inventados.
Imaginen pues que la biografía
de un tal Franz kafka la dictaron en sus ratos libres algunos colaboradores afines
que aún permanecen en el anonimato. Piensen que la vida
no es tan triste
como la describen los libros
y llegarán a deducciones más precisas, por ejemplo,
que el hombre-lobo ya existía mucho antes de su aparición
en las pantallas de cine,
que los fundadores de la Patafísica nunca presenciaron más dilema que la sordina que producen los relámpagos
cuando la marea sobrepasa el bordillo,
que otros escritores, inevitables en cualquier manual de literatura,
quizás hubieran elegido otra época, otros libros, otras portadas
para pasar a la posteridad literaria,
que a algunos de ellos, valga decir Roberto Bolaño,
los descubrieron demasiado tarde
y cuando les dieron su lugar ya se habían ido para siempre,
que la literatura, como diría Hurbert Selby, es azar y mercado,
maniobra y labor desquiziada,
que Kafka hubiera sido más famoso de haber quemado sus novelas, pues lo que no se ha escrito es más fácil de imaginar.

Presiento la satisfacción-sádica que debió provocarle a Jean-Paul Sartre escribir La náusea,
pero sé que no podría imaginarmelo follando con Simon de Beauvoir:
el existencialismo de uno y el feminismo de otra casi hace incompatible
cualquier aceleración de la líbido. Piensen que la vida
no es tan triste
como la describen los libros,
que hay un momento en que el chico conquista a la chica
y el sol sale dos veces al día.
Las leyes de la probabilidad lo niegan,
pero al amor ya no se llega por la teoría.

 
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