sábado, 7 de abril de 2012

killed by podcast IV



El profesor Learnes Holmmers, adicto a los versos de T. S. Eliot,
había dado con la clave: a la razón ha de llegarse por una entrada poética,
no lírica versificada en metricas estables
y legitimadas por la tradición,
sino con la palabra dispuesta en una frase rítmica, sorprendente,
incluso en aquellas que ya había leido centenares de veces en ese poema de 1925 en que Eliot
vino a referirse a El corazón de las tinieblas como el único pantano navegable por la lectura:
Somos los hombres huecos...

Años más tarde se inspiraría en otras partes de su obra
para enfrentarse a sus primeras maniobras teóricas sobre la construcción
de un auricular que hiciera conectar el pensamiento
con los sonidos del abecedario.
En mi comienzo está mi fin. Ahora cae la luz a través del campo abierto...

Lo mismo pretendieron resolver, sin ningún éxito,
los expertos en criptografía de la CIA cuando a sus manos llegaron
las libretas donde el profesor Holmmers había escrito su legado.
2578 hojas llenas de poemas, anotaciones biográficas
y fórmulas matemáticas adelantadas a su tiempo,
incluso a éste.
Ni siquiera se ha llegado a descifrar el contenido
de una nota fechada en 1947 en la que aparecía escrito
el nombre de una mujer, la dirección de una casa en el centro de Londres
y una frase que parece explicar los motivos de su desaparación:
una fila de pájaros se posará en tu tejado
y volverá de nuevo a las nubes
para vaciar el cielo con su estampida
.

 
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