jueves, 22 de marzo de 2012

killed by podcast II



No era la primera vez que Humberto Picabia, catedrático de zoología
en la Universidad Complutense de Madrid, se debatía ante los números. Al menos en dos ocasiones
había vaticinado un margen de error superior al preestablecido para ese tipo de experimentos.
En la década de los 70, en plena transición hacia la democracia,
sus trabajos publicados en la revista Mundo Científico habían servido como base
para una teoría de juegos aplicada a la política,
advirtiendo que en sus porcentajes erráticos podría estar la solución de una salida al pacto social.

Tres años despues, en 1979, su reacción al descubrir un número impar (y habría que decir, sospechoso)
en el lado superior-izquierdo de la pizarra le hizo recabar en otras pesquisas sobre las que había estado trabajando inútilmente:
la probabilidad de que el hombre-lobo
se hubiera instalado en la capital, Madrid, era un dato especulativo
pero que contenía una verdad aceptable al asociarlo
a los flujos migratorios de la rata de alcantarilla
y a un retroceso espectacular de su población neta.

Según su teoría, el margen de error estadístico puntualizado para esa población emigrada y el aumento de la mortalidad
daba a entender que un número no inferior a 15.450 ratas
se habrían autoaniquilado.
Picabia atribuía este fenómeno a los cambios sufridos
en el ecosistema del alcantarillado, y éste a su vez a la invasión y colonización
de un agente externo que habría provocado
la estampida en masa de tales roedores.
Si añadimos que el zoólogo había sido llamado por la policía para investigar
extrañas mordeduras sufridas en varios casos de muerte violenta en el área metropolitana de Madrid,
sus conclusiones venían a certificar que la mitología tiene siempre un aledaño en la realidad
y que la monstruosidad raramente es aceptada (por inverosimil) hasta que se produce un precedente fundamentado.
Picabia dedicó varios años a perseguir indicios físicos,
oscultar alcantarillas y cenagales bajo tierra.
Invirtió su prestigio científico en demostrar la existencia de un hombre-lobo en Madrid
sin saber que en las crónicas ya lo daban por demente.

Nada quedó clarificado excepto por los números.
La rata, animal vilipendiado en casi todas las culturas,
había desaparecido del entramado urbano.

 
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